Sobre Junot Díaz, Emigrante sobre Inmigrantes

Por: Camilo Daza Tapia

Aquellos que viven en el extranjero, que van a Venezuela (usualmente en diciembre) para visitar a su familia, llegado el día del impostergable regreso, no saben cómo llevarse al país entero en sus maletas. Lo digo por experiencia. Yo, por ejemplo, el año pasado decidí traer a Alemania una cantidad de ron que prefiero no revelar, no para consumo propio sino para regalar, aunque nadie me crea. Una botella de Rum Orange de Santa Teresa es una exquisitez en sí misma y como regalo, un lujo asiático que cubre de elegancia el gesto y hace de cualquier compatriota en el extranjero, el merecedor del más profundo agradecimiento por parte de sus huéspedes… (Está bien, me quedé con un par, lo admito). Este año me sentí menos generoso y en vez de ron traje el mismo peso en libros. Aunque usted no lo crea en los dos años que he hecho la gracia de traer ron en mis maletas, en la aduana de Maiquetía nunca me han preguntado nada. Pero bastó que yo decidiera “ensardinar” kilos de libros en mi mochila digna del Proyecto Cumbre y pasarla como equipaje de mano, para que me preguntaran en dos oportunidades distintas a qué me dedicaba y qué iba a hacer yo con tantos libros. Una muestra de los tiempos que se viven, al parecer. A la mano, entre mis arenques en lata, estaba el libro de turno y el mejor regalo que me dieron en diciembre, La maravillosa vida breve de Óscar Wao (Mondadori) del dominicano Junot Díaz, novela galardonada con el Premio Pulitzer de Ficción 2008. Un libro estimulante por su temática: la vida de un joven de New Jersey (y de su familia), hijo de inmigrantes dominicanos, y su regreso a República Dominicana; por su estructura: diferentes tramas, diferentes voces y diferentes tiempos históricos; y por su lenguaje: un spanglish desenfadado. Un libro que como regalo ha sido doble en mi caso. Porque Junot Díaz estuvo de visita en Hamburgo para una lectura en la Literaturhaus de la ciudad. Aquí algunas notas sobre la velada.

Entran los miembros del podio, dos hombres: uno blanco, rubio, y con lentes, otro moreno, calvo y también con lentes, y dos mujeres, una rubia, alta y flaca, y otra mediana, de cabello oscuro y embarazada. ¿Adivine quién es el dominicano? ¿Necesita un comodín?, ¿50-50? ¿Quiere llamar a un amigo?. El primero en tomar la palabra es el catire, quien resulta ser el intendente de la Literaturhaus (misterio resuelto) y quien agradece la reconfortante imagen de una sala llena y la asistencia de Susanne Weingarten (la catira cuyo apellido se traduce como viñedo), directora del equivalente a Papel Literario de la revista Spiegel y quien estuvo a cargo de presentar a Junot Díaz a pesar de mostrarse mucho más impresionada por la actriz Jasmin Tabatabai (ver RAF de Uli Edel y Las Partículas Elementales de Oskar Roehler) quien está cargo de la lectura del texto en alemán.

Toma la palabra Junot (pronunciado Yuno) Díaz (pronunciado Días). Es un lunes asqueroso, un lunes de comienzo de marzo que por ser lunes ya cae gordo, pero es además un lunes de frío, viento y lluvia, a pesar de que la primavera es la estación a la vuelta de la esquina, pero que Alemania se resiste a sintonizar. Por esta razón y dada la sala llena, Junot Díaz agradece al público y agrega unas palabras de elogio para la Literaturhaus. Para él es una buena señal cuando una institución cultural invita a un artista como él, a un artista de “otro mundo”.

En el diario El Nacional, Michelle Roche escribió que cuando uno escucha hablar a Junot Díaz de literatura y hablar de “gringos y latinos como si no perteneciera a ninguno de esos grupos, uno entiende por qué escribió una saga poblada de parias”. ¿Tal vez escuché mal y dijo “otros mundos”?.

Frau Viñedo (por favor no mal interpreten esta travesura como una falta de respeto; esta fallida crónica se la debo en parte a sus buenos oficios) antes de dar inicio a la lectura dispara un par de proposiciones.

P: ¿La novela es una novela sobre la dictadura y sobre la dictadura de escribir?
JD: Por supuesto. Las dictaduras son posibles gracias al deseo profundo de la población de escuchar una narración coherente de parte de una autoridad. Para un narrador, para un escritor que ha tenido la experiencia de una dictadura es aterrador ser parte del mismo grupo.

P: ¿Óscar Wao es una especie de anti-héroe?
JD: Él y toda su familia, la familia más loca que te puedes imaginar pero que a pesar de ser así la quieres.

La lectura la inicia en alemán, la actriz Jasmin Tabatabai. Al concluir, Junot Díaz rompe el silencio diciendo: Readings are weird (las lecturas son raras). El público ríe. La señorita Tabatabai se siente aludida y pide disculpas. La risa general se vuelve risa nerviosa. Junot sale al rescate: “Es como estar en misa (creo que entiendo lo que Junot quiere decir: alguien lee, parece otro idioma y no entiendes nada). Además, raro no significa malo. En República Dominicana las expresiones descriptivas no tienen un juicio de valor, no como en Estados Unidos donde decir weird significa malo” (no creo que los dominicanos sean tan raros).

Enmendado el capote, le toca ahora a Junot Díaz. Lee el inicio del segundo capítulo del libro titulado Wildwood que comienza con una breve narración en segunda persona, en el introspectivo tú, que trata, desde la perspectiva de una niña, sobre el deseo de una madre de que los senos de su hija emulen algún día los suyos. Este inciso narrativo está escrito con honestidad y con humor a pesar de su final inesperado (No pienso ahorrarle el gasto, vaya y compre la novela). Al concluir la lectura, en buen timing y sin poder evitarlo, digo en voz alta y moderada: THAT was weird. El público ríe. Junot Díaz está de acuerdo, ESO fue raro. El honor de Dulcinea Tabatabai ha sido restaurado.

Frau Weingarten retoma la batuta.
P: Entre tantas referencias culturales y elementos, los comics, el spanglish, ¿hubo peligro de perder el camino de la novela?
JD: La filosofía de la construcción del lenguaje en la novela viene de la experiencia de la lectura. Cuando se aprende a leer, cuando se comienza a leer, es inevitable preguntarse en algún momento, ¿qué significa esto?. En realidad nunca entendemos completamente lo que leemos. Y preguntar nos ayuda a hacer contacto. La ininteligibilidad está allí no para hacer sentir mal al lector sino para invocarlo a hacer contacto con otra persona, invitarlo a formar una comunidad.

P: ¿Pero los lectores son capaces de eso?
JD: Haber escrito sobre dominicanos elimina a 99 por ciento de la comunidad lectora. En mi experiencia he conseguido lectores que no han entendido algunas palabras, pero ninguno que no haya entendido el libro.

Como bien dice Ednodio Quintero en Papel Literario: “Escrita en inglés, La maravillosa vida breve de Óscar Wao nos llega en una excelente e impecable traducción al español dominicano, hasta el punto de que durante la lectura no se nos ocurre recordar que estamos leyendo una traducción”. Yo agregaría que el trabajo de la traductora Achy Obejas es también digno de reconocimiento por el hecho de que preserva este intencional manejo del lenguaje como reto al lector, para que éste busque un puente que lo acerque a la otra orilla que es un idioma ajeno e incluso a esa otra orilla que son los personajes.

Un ejemplo es el uso de la palabra serendipia con plena naturalidad como si fuese moneda de uso corriente (en el momento que esto escribo el procesador Word y su diccionario de “español moderno” subrayan la palabra en rojo). Se trata de una traducción literal de la palabra inglesa Serendipity (sí, igual que la película), que en corto significa la ocurrencia accidental de eventos afortunados. La palabra viene de Serenedip (antiguo nombre de Sri Lanka) y fue acuñada por primera vez, por el político y escritor inglés Horace Walpole (1717-97), quien después de leer un cuento popular titulado “Los Tres Príncipes de Serendip” en el cual los personajes salen airosos de diferentes aprietos gracias a descubrimientos fortuitos, le escribió a un amigo una carta (sólo una carta fue suficiente para entrar en la posteridad) explicándole el nuevo concepto. Siendo la palabra tan sonora y su concepto tan útil, si la palabra en inglés es un invento (¿acaso no lo son todas?) bien podríamos aceptar el neologismo en español, ¿no?

Un ejemplo del segundo puente es un pequeño pedazo de diálogo entre un borracho y deprimido Óscar Wao y su antítesis y “amigo” Yunior, quien le pide que se tranquilice:

— Estoy copacético.
— No eres patético.
— Dije copacético. Todos-sacudió la cabeza-me malinterpretan.

Desde el comienzo de la novela el lector confirma lo que todas las reseñas dicen sobre Óscar: que es torpe, gordo y nerd, una especia de anti-latin-lover, y este diálogo nos ayuda a profundizar aun más sobre su carácter. Copacético también es una traducción literal de la jerga americana de origen desconocido Copacetic, que significa: bien, satisfecho. En la boca de Óscar esta palabra es un signo de su individualismo nerd. Para Óscar el idioma no es contrato social que une, es una herramienta para conversar consigo mismo, y este aislamiento voluntario le genera la misma frustración que sufre aquel que pide un “ósculo” a su madre y se siente rechazado porque ésta no lo besa.

Fin de mis desvaríos. Frau Weingarten tiene la palabra.
P: Háblanos de la maldición, el Fukú que acosa a la familia de Óscar.
JD: Es un elemento externo. Los personajes no explican lo que les pasa con el Fukú. Lo que pasa es que América, el nuevo mundo ha tenido una obsesión con la idea de que es una bendición en la tierra. Pero tener esa certeza no nos impide preguntarnos si lo contrario también es posible. Y cuando tratas de ligar la historia de una familia con la historia de un país una maldición es una perfecta excusa narrativa. Es un atajo que te ayuda a atar cabos, y se usa en los clásicos griegos y en la Biblia.

P: ¿Ha sido publicado el libro en la República Dominicana?
JD: Sí y en tres versiones, una americana en inglés, y dos en español, una española y otra dominicana. Es una de las locuras del capitalismo.

P: ¿Y cómo fue la reacción?
JD: Es difícil hablar de la reacción de todo un colectivo, porque si digo que les encantó, seguro sale uno que dice pero no a mí motherfucker. Lo cierto es que he tenido buena aceptación pero también hay que decir que tengo el privilegio de no ser objetivo de algunos prejuicios. No soy gay, no soy mujer y no soy asiático. A veces me pregunto qué hubiese pasado de haber sido una lesbiana de origen asiático. Y es por eso que le tengo miedo a los aplausos y prefiero no acostumbrarme a ellos.

P: ¿Por qué el narrador es alguien externo a la familia, por qué Yunior?
JD: La respuesta debe darla el lector. Hasta los momentos me han mencionado tres. Porque Yunior ama a Lola, la hermana de Óscar. Porque Yunior quería saldar cuentas con Óscar por haberlo tratado mal. Y hay una más cínica, porque Yunior no quería quedar tan mal en toda la historia.

P: Es también una novela sobre la familia, ¿por qué hay cosas que no se dicen?
JD: Creo que tiene que ver con la experiencia de la inmigración. Inmigrar ayuda a poner algunas tradiciones en primer plano. Mi madre decía que lo que las familias mejor transmiten son sus silencios.

Concluida la respuesta hay unos breves segundos de silencio que sólo la actriz Tabatabai se atreve a romper con tres aplausos llenos de desgano. El público vuelve a reír pero ahora mucho más nervioso. Esta debe ser la lectura más rara a la que he asistido en mi vida, pero por suerte, Frau Weingarten, con su estampa de autoridad, está presente para salvarnos y abre el micrófono al público.

Me lanzo al agua y pregunto.

P: Al inicio usted celebró la invitación a un artista de “otro mundo”, ¿No cree que el libro habla de la dificultad de sentirse parte de “otro mundo” cuando se es inmigrante?
JD: En mi experiencia no lo creo. La inmigración es una posibilidad para sentir que perteneces a dos lugares. Yo nunca me sentí fragmentado aunque la cultura siempre lo convertía en una patología. La gente siempre me decía: debe ser muy difícil vivir con dos idiomas. Y no, sólo sé vivir con dos idiomas. Me sentí afortunado de entender tanto de ambas culturas. En ese sentido me sentí sobrecargado.

Escucho la respuesta, escribo mis notas; he olvidado parcialmente mi propia pregunta pero recuerdo una línea del libro que me marcó y que en retribución la subrayé. Al igual que Óscar en la parte final de su periplo, Junot Díaz se negó a “a sucumbir a ese susurro que todos los inmigrantes de mucho tiempo llevan dentro de sí, el susurro que dice: No Perteneces Aquí…

También recuerdo en este momento un artículo que leí en enero de Rafael Osío Cabrices en la revista Todo en Domingo. Los Invisibles. Los invisibles somos aquellos que nos hemos ido, quienes nos comunicamos y mantenemos el nexo, a pesar de la distancia, sólo gracias a las diferentes formas modernas de señales de humos. No me atrevería hablar por todos pero sé de varios que escuchamos una voz parecida pero que dice: Perteneces Allá. La diferencia entre un inmigrante y un emigrante está en el susurro.

“¿Y ahora qué?”, pregunta otro miembro del público.
JD: No lo sé. Ahora tengo la oportunidad de ser muy mediocre, si ya no lo soy del todo. Yo pensaba que el escritor era el jockey y el subconsciente el caballo pero me he dado cuenta de que es al revés, el escritor es el caballo y el subconsciente es el jockey, y no sé que me tiene preparado ese fucker.

La lectura llega así a su fin y Junot Díaz pasa a firmar libros. Con mi regalo firmado regreso a mi casa y lo celebro con un trago de ron.

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