Rafael Arráiz Lucca, Sus amores, temores y placeres

Por: Giannina Olivieri

Desde hace unos cuantos años, uno de mis interlocutores diarios ha sido Rafael, con quien comparto “el arte enseñar”; o como diría Sócrates el de “dar a luz los conocimientos”. Por ello cuando me plantearon hacerle esta entrevista, se me hacía difícil pensar en las preguntas. Qué preguntar a un amigo del que casi se podría anticipar lo que piensa. Pero presumiendo que los lectores no conocen las distintas caras de este personaje, más allá de lo que intuyen en sus libros o advierten en sus artículos, me aventuré a hacerla.

Rafael, o Kake, como sus amigos lo conocen, se ha convertido en una referencia en el país. Sus artículos de prensa y sus libros lo hacen estar presente entre nosotros con frecuencia. Pero, de su día a día, sus inquietudes, gustos y angustias, seguramente pocos conocen.

Por eso quisimos acercarnos a él desde otra óptica -ajena a la historia nacional o a la política- para presentarles al hombre que se esconde tras el característico bigote, unos pequeños ojos de un mirar huraño, que escudriñan al que se acerca y que a veces lo hacen lucir distante y ajeno a lo que lo rodea. Aquí les dejo a Rafael, el amigo con el que disfruto a diario conversando de temas divinos, mundanos, y cotidianos.

I. El trabajo como un arte

Algunas personas ven con asombro y hasta desconfianza lo prolífico de tu escritura, ¿te sientes contento con todo lo que has escrito?

No con todo lo que he escrito, más bien con poco. De hecho, preparo reediciones de algunos de mis libros y aprovecho para enmendarlos, para depurarlos y actualizarlos. En cuanto a la desconfianza por lo prolífico es algo muy tercermundista. Mucha gente está todavía dominada por mitos del siglo XIX, como el romanticismo, que los lleva a pensar en el escritor como un ser iluminado que escribe por inspiración. Estas son cosas del pasado, pero lamentablemente vivas en algunos sectores conservadores. Un escritor se dedica a escribir. Yo me pregunto por qué no le reclaman a un cirujano que opere tanto, por qué no lo instan a que sólo opere en sus momentos de inspiración o por qué no le reclaman a un psiquiatra que atiende a veinte pacientes al día. Para estas profesiones, la práctica es garantía de eficiencia, pero para la escritura no. Es absurdo.

¿En qué momento escribes? ¿Crees que escribir requiere de inspiración o de trabajo constante?

Escribo a muy distintas horas y sin ningún rito especial. Para escribir poesía se requiere, ciertamente, inspiración, soledad y silencio, pero para los otros géneros se requiere oficio, entusiasmo, amor a la escritura. Escribir es una tarea fascinante y exigente. Es imposible escribir bien si no te gusta escribir. Esto parece una perogrullada, pero no lo es. Sin placer no hay logros.

Llegaste a la escritura muy joven de la mano de la poesía y hace tiempo no hemos visto que publiques obras de ese género ¿Qué pasó?, ¿se te perdió esa musa?

Por allí guardo una docena de poemas a los que se sumarán otros para formar un libro. No publico poesía desde el año 2002, pero no tengo ningún apuro. Una de las maravillas de la poesía es que nadie la está esperando. En estos años he estado consagrado al ensayo casi exclusivamente.

¿Con cuál de los géneros te sientes hoy más cómodo?

Intento dominar dos géneros: el ensayo y el poema, aunque también se me da la crónica, que es una suerte de puerta de atrás para entrar en la casa de la narrativa, pero no he intentado ni el cuento ni la novela. No sé si lo haga.

Pero a veces te he escuchado decir que algún día escribirás una novela, ¿acaso has pensado ya una historia y personajes para ella?

Sí, he soñado con escribir una novela, pero no termino de dar el paso. Tampoco me mortifica, no coloco velas en el altar de la novela como si fuera el altar mayor. A veces me parece que muchas de ellas son innecesarias, una pérdida de tiempo para el lector. En cuanto a si he pensado en tema y personajes, pues la verdad es que no de manera obsesiva. Alguna vez se me ha ocurrido algo, pero no he llegado a tomar notas todavía.

En tus artículos de prensa se ve un particular interés por el país, ¿qué derroteros vislumbras para él?

Venezuela está viviendo la crisis del sistema de partidos políticos, pero esta crisis comienza a señalar que viene una recuperación de los partidos y los líderes regionales, que un nuevo federalismo está en marcha, que la Venezuela democrática está en la avenida sumando gente desde las bocacalles y que vamos hacia otra situación. El ensayo militarista, de socialismo autoritario, centralista, autocrático, ha sido un desastre para el país y cada vez más gente lo percibe así.

Quienes te conocen y compartieron contigo de joven dicen que siempre te interesó el poder y de allí tu paso por el CONAC y Monte Ávila, ¿te aventurarías en la política?

El poder cultural en Venezuela es algo de menor importancia. Los hombres de poder se reirían a carcajadas al pensar que a alguien que le guste el poder lo nombran presidente de Monte Ávila o director del Conac y se siente satisfecho. No, Giannina, el poder está en otra parte y, la verdad es que si me gustase tanto como algunos creen, pues habría estado perdiendo el tiempo porque no lo he buscado. No he sido candidato a nada, con eso te digo todo. Estos son mitos, leyendas que se crean en torno a las personas. A mí lo que sí me gusta mucho, muchísimo, es trabajar. Eso sí, en un país de procastinadores patológicos, a quienes trabajan duro se les abren puertas que a los diletantes no. Nada me ha llegado de gratis. Por más que juego el Kino Táchira todas las semanas, no me lo he ganado todavía. Me imagino que me preguntas si me aventuraría en la política como actor, pues como estudioso lo hago desde hace muchos años. Y te digo que no creo, pero no puedo decir “de esta agua no beberé”. En esto sigo a los griegos: uno no escoge su camino en la polis, lo seleccionan a uno.

Algunos te califican como un exitoso gerente cultural, ¿a qué atribuyes esos logros?

A un hiperdesarrollo del sentido del tiempo. No lo pierdo. Me esmero en trabajar incesantemente porque me gusta hacerlo, no por otro motivo. Además, desde niño fui bendecido por una vocación intelectual. Mi curiosidad no tiene límites. Por otra parte, el trabajo que hizo el equipo presidido por mí en Monte Ávila fue excepcional. Algo similar ocurre con lo que hacemos desde el año 2000 en la Fundación para la Cultura Urbana. En el Conac estuve un año y tres meses y no pude hacer mayor cosa, no dependía de mí. La institución era un elefante pesado, con mala digestión y reumatismo.

Hace unos años llegaste a la academia y las aulas de clase se han convertido en tu cotidianidad, ¿qué ha significado ese cambio para ti?

Comencé a dar clases en al UNIMET en marzo de 1997, así que pronto cumplo doce años enseñando todos los días de mi vida. Es una tarea que amo profundamente. La posibilidad de abrirles los ojos a los alumnos sobre la historia, la filosofía política y la literatura es algo que me satisface plenamente. Además, al iniciar la carrera académica no contaba sino con el título de abogado, y tuve que comenzar a estudiar de nuevo. Hoy en día preparo mi tesis doctoral de Historia, en la UCAB. De modo que imagínate cuánto le debo a la universidad de mi nueva formación. Ha sido como iniciar otra vida, como un renacimiento.

II. Gustos y angustias

Tu porte decimonónico te hace parecer un ser rígido y conservador. ¿Tu figura te retrata como eres?, ¿o más bien es una fachada y un estilo?

Todo es relativo, si les preguntaras a mis hijos “por mi porte decimonónico” se lanzarían al piso de la risa. Les parezco todo lo contrario. En todo caso, soy exigente y, si eso se confunde con la rigidez, pues seré rígido. Conservador no lo soy. Por el contrario, mis dudas religiosas son tantas y de tal magnitud que ya casi soy agnóstico. Soy lo que antes se llamaba un “librepensador”. Ocurre, eso sí, que la gente se deja llevar por las apariencias y me ven así como tú dices; pero quienes me conocen de verdad saben que los tiros van por otro lado. Reconozco, eso sí, que la puntualidad es obsesiva en mí: no puedo llegar tarde; irrespeto a quienes esperan si no llego a tiempo. Soy en eso, y en muchos aspectos más formal. Las formas son fundamentales. Creo en ellas.

Cuéntanos de tus placeres, ¿qué cosas disfrutas a plenitud?

Me gusta navegar. Pocas cosas me entusiasman más que viajar en barco, pero lamentablemente lo hago muy poco. Me gusta comer de todo; por eso me encuentro bien en una ciudad cosmopolita como Caracas. Los regionalismos excluyentes me parecen empobrecedores. Me gusta leer y acaso éste sea el mayor placer de la vida. Me gusta satisfacer mis impulsos sexuales: la vida erótica trae muchas alegrías, mucha fiesta. Me gusta escribir: es uno de los placeres más grandes de la existencia, poder expresarse. La verdad es que busco los placeres con frecuencia diaria, como advirtió Freud que solemos hacer. Y le doy gracias a Dios todos los días porque mi trabajo me satisface: hago lo que me gusta.

Y de los placeres sensoriales, ¿con cuál te quedas?

Creo haberte respondido antes, pero vuelvo por mis fueros: todos aquellos que satisfagan la sed de los sentidos: mirar, tocar, oler, gustar, oír. La combinación de todos es la epifanía, y ésta, todos sabemos dónde se encuentra.

Se te conoce por ser un hombre interesado en el “buen vivir”: ¿un buen plato o un buen vino?

Ambos. No me pongas en un dilema

¿Algún restaurante que te cautive en Caracas?

Varios. El Vizio es probablemente el mejor de la ciudad, junto con Astrid y Gastón. El Yakitori, el Atlantique, Le Gourmet del Hotel Tamanaco, el Chez Wong, el Mokambo. Por otra parte, las mejores cachapas se comen en el famoso camión de Santa Fe, lo frecuento desde hace 32 años; y las mejores empanadas del mundo las hace Marta, que trabaja en mi casa desde hace años. No conozco mejores helados que los de la 4D: ni en Italia los hay así. Pero no puedo seguir porque me está dando hambre.

Sé que has visitado muchos lugares, ¿qué crees que es lo mejor de los viajes?

Estar en un sitio en el que nunca has estado. Eso es lo mejor. La novedad. Repito muy pocas ciudades. Del viaje, la experiencia gloriosa de lo nuevo, de lo nunca antes visto. Eso es lo maravilloso.

¿Cuál de las ciudades que has conocido te ha impactado o resultado inolvidable?

Praga, San Sebastián, Viena y San Petersburgo. Las cuatro son preciosas y, por supuesto, París, pero ocurre que ella está fuera de lote.

¿Te llaman la atención las culturas lejanas? Sé que no has visitado el Oriente, ¿no hay interés por él o sólo esperas el momento?

He estado en India, en Marruecos, en Egipto. Quiero ir a China, Japón, Tailandia, Vietnam, Suráfrica, Australia y Nueva Zelanda. Ojalá pueda.

Todos tenemos temores en la vida, ¿cuáles son los tuyos?

Como dice el gran filósofo español José Antonio Marina: “Soy experto en miedos”. Le temo a que algo malo le pase a mis hijos; le temo al dolor físico, a la violencia, a no tener con qué sobrevivir. Le temo a la pérdida de los sentidos, a la pérdida de las facultades mentales. En fin, la lista es larga, pero quizás a lo que más le temo es a perder la valentía. Eso sí sería lo peor. No tener coraje y dignidad es terrible. Desde niño he sentido miedo, pero también he sido capaz de arriesgarlo todo por los principios. Detesto a los pusilánimes, y no los confundo con los prudentes.

Y la muerte, ¿cuál es tu relación con ella?

Tuve la suerte de leer El libro tibetano de la vida y de la muerte de Sogyal Rimpoché con mi padre, que estaba sentenciado por un cáncer. Mi padre se preparó para morir de la mano de este maestro tibetano, y yo me aclimaté en la casa de la muerte. Sin embargo, no he llegado a la ancianidad como para no tenerle miedo. La naturaleza es sabia, y si morimos viejos la llegada del fin es tan esperada como ansiada, ya el cuerpo no nos da para más.

Siempre conversamos acerca de libros, ¿existen para ti escritores imprescindibles?, ¿cuáles serían?

La lista es larga: Platón, Aristóteles, Herodoto, Homero, Agustín de Hipona, Hobbes, Locke, Bello, Dostoievsky, Eliot, Borges, Bobbio, Lord Acton, Marguerite Yourcenar, Popper, Berlin, Bulgákov, Ramos Sucre, Gerbasi, Parra Pérez, Uslar Pietri, Picón Salas, Arcila Farías, Liscano, Vargas Llosa, García Márquez y no sigo por razones de espacio. Como ves, tengo muchos amigos.

De los autores que estás leyendo ahora, ¿hay alguno que se haya convertido en un favorito?

Estoy deslumbrado con la obra monumental del filósofo español José Antonio Marina. Algo realmente excepcional. Su trabajo sobre la inteligencia y la estupidez es único.

Eres un amante del cine, ¿crees que ese arte merece el puesto que hoy ocupa?

El cine es una de mis pasiones. Desde niño voy todas las semanas al cinematógrafo, como decía Borges. Creo que el gran cine reúne lo mejor del arte contemporáneo. Dice mucho con poco: un buen guión, imágenes, música, la inteligencia del director, en suma, la apoteosis de la poesía, que está hecha de música e imágenes, expresadas a través de las palabras. Acaso las dos formas más poderosas de la comunicación humana.

¿Hay algún género cinematográfico que te interese particularmente?, ¿alguna película que calificarías de obra de arte?

Centenares de películas que merecen un comentario emocionado. Imposible responderte en pocas líneas, pero me doy cuenta que me debo una escritura más dilatada sobre este fervor. Has sembrado una inquietud en mí.

Y la belleza, ¿dónde la encuentras? ¿Te cautiva o pasa desapercibida?

Fui educado para percibir la belleza. Desde niño mis padres me llevaban a museos y galerías, escuchaba sus comentarios sobre la literatura, oía su elogios de un paisaje; de modo que soy sensible a ella y, desgraciadamente, muy sensible a su falta, a su antónimo. En este sentido, Venezuela es un país de grandes contrastes

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Rafael Díaz Casanova dice:

    Excelente entrevista a mi apreciado tocayo. Pienso que la señora Olivieri conoce a Kake de memoria. Un gran venezolano y un excelente profesor y académico. Mis felicitaciones más cordiales.

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