Otto Lauterbach, para reusar lo cotidiano

Foto: Horst A. Friedrichs

Por: Rebeca Fernández V.

Otto podría perfectamente petenecer a un grupo de bossa nova. Tiene ese tono de voz melodioso, pausado y rítmico con el que uno oye hablar a Caetano Veloso o a Gilberto Gil. Y la verdad, es que alguna vez pensó en tomar ese camino. Después de haber estudiado artes plásticas por un par de años, este venezolano empacó sus maletas y se fue a Londres, donde pensaba dar inicio a su carrera de músico. Sin embargo, al llegar a Inglaterra se sintió abrumado por la cantidad de grupos y tendencias musicales que existían. “Supuestamente siempre había sabido qué tipo de música quería tocar, jazz, bossa nova, y allá no sabía que hacer”. En ese entonces comenzó a trabajar en un restaurante.

Al otro lado de la calle del restaurante donde trabajaba en Londres, una vitrina de la tienda del premiado diseñador inglés Tom Dixon (www.tomdixon.net) parecía llamar a Otto a que se decidiera a regresar a sus raíces creativas. Y así, un buen día dejó el restaurante y cruzó la calle para pedirle un puesto a Dixon en su taller. “El lunes siguiente comencé a trabajar como soldador en el taller. Allí aprendí a hacer un par de cosas y siempre me quedaba después de la hora trabajando en mis propias piezas”. Dada la buena fama que tiene Dixon entre los diseñadores europeos, su taller era visitado constantemente por periodistas de prestigiosas revistas de diseño que notaron el trabajo de Otto y lo incluyeron en de sus publicaciones. Esto lo animó a visitar, revista en mano, las tiendas de mobiliario más exclusivas de Londres para ofrecer sus objetos.

Otto trabajó bajo la tutela de Dixon durante un año y luego, por seis meses más alquiló parte del taller de este último para darle vida a su propia compañía de diseño: Sponge. Bajo esta marca aparecieron objetos tales como: la lámpara paper plane, que consiste en un vara de aluminio con un avión de papel hecho en plástico como pantalla; la repisa para CD´s OTS y la premiada mecedora big bean, entre otros. No obstante la buena acogida que tuvieron los diseños de Sponge, los costos de producción y la dificultad que implicaba asumir solo su creación, producción y comercialización hicieron que Otto abandonara el proyecto. A partir de ese momento pasó el resto de su estadía en Europa como gerente de un restaurante.

Lámpara colador

Al regresar a Venezuela en junio de 2006,Otto tenía dos objetivos: reconciliarse con sus orígenes y darle a sus hijos la oportunidad de compartir con sus familiares cercanos. Considera que profesionalmente existen en Venezuela más oportunidades para los creativos: “En Europa todo esta hecho y a mi lo que me interesa es crear algo que aporte”. Este aporte no sólo se refiere a dejar una huella en el imaginario creativo del venezolano, pues Otto quiere que su trabajo forme parte de una solución a las problemáticas sociales que aquejan a nuestro país. Una de las experiencias más gratificantes ocurrió cuando comenzó a crear cortinas con chapas de botellas. Le pidió ayuda a unos niños de la calle para conseguir el material, la respuesta de los niños fue abrumadora: “Llegaban con bolsas repletas de chapas y de hecho tuve que pararlos y decirles que aguantaran un momentito, que ya tenía suficiente”.

En este momento, Otto se encuentra explorando el mercado venezolano para introducir sus creaciones, en las que están reflejadas sus dos inquietudes principales: lo lúdico y lo ecológico. Su catálogo comprende 20 productos: 10 de la serie NTRPR (No tan reciclable pero reusable) y 10 de la serie PARA (Para ayudar a reciclar) hecha con materiales reciclados. De esta última resaltan sus lámparas, realizadas con tobos de plástico y coladores que emiten una luz azul muy hermosa y los coloridos puffs fabricados con material publicitario de desecho y rellenos con viruta de papel.

Lámpara tobo

Después de su complicada experiencia con Sponge, Otto parece haber elegido tercerizar sus nuevas creaciones. “Sería ideal crear un prototipo para luego venderlo a una empresa con la capacidad de producirlo en serie” dice, quien piensa concretar esta idea con un prototipo de portacepillo de dientes hecho en forma de guante de hule. Quién sabe si más adelante esta divertida creación se convierta en un imprescindible de los baños venezolanos.

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