Alberto de Castro, Lujo y alta costura

Alberto de castro cosiendo en su taller (foto: Ricardo Gómez Pérez)

Por: Manuel Lebón

Con más de quince años de trayectoria en el mundo de la moda venezolana y la satisfacción de haber dado vida -junto a Mauro Barazarte Durant- a la reconocida firma Durant & Diego, Alberto De Castro vuelve a la palestra más entusiasta y asertivo que nunca con la inauguración de un lujoso atelier propio en la avenida Luis Roche de Altamira, que al igual que sus llamativas creaciones para el cuerpo de las féminas, se distancia apreciablemente de su pasado reciente: “Este proyecto es la evolución de mi trabajo en Durant & Diego, ya que sentía que necesitaba un cambio”, explica Alberto en una entrevista. ”Este nuevo espacio es una casa de modas y así la creamos; como una casa donde la clienta se siente como de grata visita. No queremos locales fríos como los de otras firmas”.

En esta nueva etapa de su carrera, Alberto de Castro propone convertirse en la casa del haute couture por excelencia y también en el expendio de un prêt-à-porter excepcional, elaborado bajo las premisas de calidad y dedicación que siempre le han caracterizado, gracias a un minucioso trabajo artesanal que ahora cuenta con telas e insumos exclusivos. Su propuesta va dirigida a la mujer sofisticada y elegante que sabe apreciar lo estético pero también lo que es práctico de llevar, ya que Alberto de Castro se especializa en la elaboración de vestidos de difícil ejecución con la utilización de telas ligeras de suave caída. En esta nueva etapa queremos afincarnos en darle una forma a un prêt-à-porter un poco más fino, como para la noche, algo que hace falta en el país. Mi concepto del prêt-à-porter es uno que tenga armonía y sentido, en donde las piezas combinen una con la otra. Trato de que la mujer que compra ropa para su día a día se divierta tanto como cuando compra para el ocio. Y parece que esta idea prêt-à-porter está calando bien entre las mujeres porque todos los días entra gente y se vende algo y eso que la tienda no está situada en un centro comercial. Eso me hace pensar que este concepto va a funcionar y quisiésemos que fuese masivo en un futuro cercano y así dejar a la alta costura más selectiva; esto porque la quiero hacer más elaborada, con vestidos de mayor tiempo de confección.

Alberto de Castro afirma que desde que está en esta nueva empresa tiene acceso a líneas de telas fabulosas que ya conocía previamente pero que no podía adquirir, como los sensacionales tejidos estampados que produce Averardo Bessi, creador italiano cuya firma se remonta a los años cincuenta y que estuvo a las órdenes de Emilio Pucci diseñando vibrantes sedas en patrones de exquisito cromatismo. El secreto del éxito de Averardo Bessi se deriva de su ingenio y la superior tradición artesanal florentina; y en la línea de ropa, zapatos y orfebrería prêt-à-porter de Alberto de Castro —su representante en Venezuela— se pueden encontrar muchos paralelismos con el maestro europeo por su cuidada manufactura y un aire clásico pero con un diseño moderno que rompe esquemas.

En la tienda de Alberto de Castro (foto: Ricardo Gómez Pérez)

En busca de una nueva identidad
Hace dos años, el panorama laboral y creativo de Alberto de Castro no lucía tan bien aspectado como hoy día porque quería cambiar una serie de factores que le hacían sentir que su trabajo no evolucionaba en cuanto a diseño y al estilo. El proyecto Durant & Diego, fundado a comienzos de los años noventa junto con su amigo Mauro Barazarte Durant, había dejado de ser una dupla creativa desde tiempo atrás, al comenzar Mauro una fructífera etapa de estudios y trabajo entre París y Londres. El estilo minimalista que los caracterizaba al comienzo había dejado de seducir a un cambiante Alberto de Castro. El minimalismo fue una corriente maravillosa y que todavía tiene magníficos adeptos como Jill Sanders, Narciso Rodríguez y una serie de diseñadores japoneses que todavía están trabajando con creatividad. Pero yo no tenía esos intereses y sentía que a aquel nuevo espacio de Las Mercedes le faltaba algo. En ese aspecto, Alberto opina que sus socios nunca lo escucharon. La evolución y los cambios los pauta uno mismo porque uno tiene que poner una pieza en el escaparate para atraer a las mujeres, que no creo que vengan si no hay algo que de entrada les atraiga. Esta manera de pensar es todo lo contrario del exclusivismo de los inicios de Durant & Diego, cuando pensábamos que cuanto menos gente compraba era mejor o sólo vestíamos a las cuatro personas que considerábamos que queríamos vestir. Y esto era una gran fantasía, porque posiblemente esa gente a la que querías vestir, al final no quería comprarte esos vestidos. En fin, fue una novatada. Hoy día, Alberto mide el éxito de sus diseños en términos del número de personas a las que les gustan.

Las opiniones de las jóvenes y señoras que iban al atelier a comprar sus vestidos fueron preparando su camino de salida de Durant & Diego, marca de la que quería separarse aunque él mismo la hubiese creado con tanto trabajo y esfuerzo. Para tomar tan drástica decisión consultó a su amigo —y luego su socio— Ruben Beneyto, avezado asesor financiero quien le hizo ver objetivamente lo que debía cambiar en su empresa. “Con el tiempo fui descubriendo una gran afinidad con Alberto, no sólo como amigo, sino a nivel de gustos y manera de pensar”, comenta Beneyto. Yo siempre he sido un tipo de negocios en la banca, con una parte creativa poco explotada y mi cercanía a Alberto me animó también a emprender un nuevo camino en mi vida.

Fue al regreso de un viaje a la India, a principios del año 2006 cuando, luego de escuchar opiniones de una clienta, Alberto pensó que podría haber personas interesadas en ayudarlo a internacionalizarse. Al poco tiempo de esto, Rubén Beneyto lo invitó a contactar a Carlos y Lorena Otaola para preparar un plan de negocios para un Alberto de Castro independiente. El diseñador intentó hasta último momento recuperar la marca que había creado y desarrollado durante 15 años pero no pudo superar sus diferencias con los socios anteriores. Sin embargo, Rubén Beneyto y Carlos y Lorena Otaola—los nuevos socios del proyecto de Alberto— pensaron que tenían la oportunidad de hacer un proyecto a gran escala con Alberto, para posicionarlo como hacedor de alta costura en Venezuela y posteriormente internacionalizarlo. Era también muy importante que se viera que ya no existía esa dupla inicial y hacer borrón y cuenta nueva.

Alberto no guarda resentimiento a sus antiguos socios y al contrario, les agradece porque con la ayuda de ellos pudo montar la primera tienda Durant & Diego en el Centro Coinasa de La Castellana, un local magnífico que según Alberto fue una primera proyección de su proyecto. Me asustó lo del cambio de nombre luego de una trayectoria tan larga haciendo Durant & Diego. Porque en el negocio de la moda se trata de mantener un nombre en el tiempo; pero he de reconocer que en apenas dos años este camino ya ha sido zanjado. Lo he notado porque salí de mi antiguo atelier sin dejar teléfonos o maneras de ubicarme para luego meterme en un apartamento del piso siete de este edificio llamado Bronce (Altamira), donde estábamos todos hacinados como chinos, y aún así, la gente empezó a llegar, y las clientas se probaban enfrente de todo el mundo. Yo no quería que fueran a ese espacio tan reducido pero todas las mujeres que venían decían que no les importaba y los hombres debían salir del atelier durante muchas pruebas. Todo era un caos, un gallinero muy divertido. Como una película de Pedro Almodóvar, las clientas revoloteaban en ese pequeño espacio. Por eso creo que las mujeres son divertidas, amenas y es una maravilla estar alrededor de ellas cuando inician un conflicto porque te mantienen la vida activa.

La lealtad de un montón de clientas y el apoyo de sus nuevos socios facilitó el tránsito de Alberto de Castro hacia un proyecto de moda independiente que se desmarcaba definitivamente del minimalismo hacia una nueva visión del lujo y la elegancia femenina. Lo primero que te tiene que gustar para estar en este negocio de la moda es el lujo y la suntuosidad, presentes además en todo lo que haces. Soy muy observador y desde pequeño me ha gustado el lujo, la ropa fina, la buena mesa, un vino especial, el diseño de interiores, la artesanía superior o un buen mueble. Entonces no lo entendía y después lo ocultaba porque temía que fuera frívolo. Pero ahora lo voceo: adoro el lujo. Eso es parte de mi trabajo porque cuando te gustan las cosas bellas y te gusta vestirte bonito creas una afinidad con otra gente y hoy día es parte de un concepto global de sofisticación que también veo en Carlos y Lorena Otaola.
Una lealtad similar encontró con las empleadas del taller, quienes le siguieron en su gran mayoría al estrecho taller de Altamira para seguir trabajando con él en condiciones más favorables. A Alberto de Castro le gusta entrenar personalmente a su grupo de costureras y considera fundamental la dedicación a la parte humana de su taller, un sitio luminoso y espacioso donde no faltan comodidades. En el taller hay profesionales de la costura como Onelia Farfán, que fue la segunda empleada de Durant & Diego hace quince años y todavía sigue cosiendo para Alberto; a una muchacha que trabajaba de asistenta en su hogar le vio aptitudes manuales y la entrenó pacientemente para realizar hoy día drapeados, tan perfectos que rivalizan con los de las casas europeas; e incluso se hallan señoras de nivel económico alto que prefieren trabajar con Alberto que dedicarse a ser amas de casa, ya que el atelier es una comunicación y un contacto con la moda y la vida. Al fin y al cabo, realizar un vestido es un trabajo en equipo y uno lo que realmente hace es ser el estilista, pero el traje después pasa por una cantidad de procesos que si cuentas las horas que el vestido estuvo en manos de los profesionales de la costura, éstas superan con creces las horas que estuvo en manos del diseñador. La sofisticación está en todo, y cuando entregas un poco de eso a la gente que te acompaña en el taller, vas recibiendo una respuesta positiva para el aprendizaje y ves cómo se involucran en el proceso, hojean las revistas que Rubén trae de Europa incluso antes que yo, revisan las prendas que traemos para su estudio y siempre quieren ver los trajes ya terminados y para eso muchas veces le pido permiso a las clientas para que las costureras lo vean completado y puesto.

Una casa roja y púrpura

Como parte del crecimiento que acompañó esta nueva sociedad se completó una boutique y taller en Altamira con un área de cerca de cuatrocientos metros cuadrados distribuidos en dos plantas y con el toque distintivo del reconocido arquitecto y diseñador de interiores Patricio Petricca. El local muestra las piezas de prêt-à-porter en la planta baja y reserva el primer piso para el taller de las creaciones de alta costura, con una espaciosa oficina donde ofrece un espacio íntimo para que las clientas reciban una atención especial. En base al logotipo, papelería, las bolsas y otros aspectos gráficos creados por el diseñador Efrén Rojas—otro fiel colaborador de Alberto de Castro desde sus inicios—, Patricio Petricca se inspiró para vestir el amplio espacio tras un largo año de trabajo. Pienso que la tienda es divertida pero lujosa en aspecto dice Petricca al ser consultado. El lujo se refiere a lo que realmente es casi inalcanzable por lo que vale. Esa sensación que se tiene cuando algo no se puede ver tan fácilmente. El arquitecto reunió objetos de su legendaria colección de mobiliario vintage en un ecléctico ensamblaje como el que ostenta la peinadora inglesa de madera del segundo piso, a la cual le agregó un espejo de piso; o el bello escaparate victoriano situado cerca de la entrada al local; la colocación de lámparas de los años 50, 60 y 70; la estratégica disposición de alfombras chinas de la tercera década del siglo veinte y otras elaboradas en Portugal en los años 70 (por la misma fábrica que otrora las tejía para los palacios reales lusitanos); o la distintiva decoración purpúrea de tela estampada fijada a paneles removibles en las paredes. Este último e impactante elemento decorativo surgió un poco por casualidad ya que necesitaba una tela con un patrón estampado muy grande y la hallé en un catálogo sólo en este color púrpura y me gustó mucho desde el principio. Luego se me ocurrió contrastarlo con el rojo y esto era algo fuerte así que lo consulté con Alberto y me dijo inmediatamente que sí. Al final se distribuyó el color de forma muy equilibrada”.

Rubén Beneyto se deshace en elogios para el resultado final de la intervención de Petricca. Siempre me ha encantado lo que él hace, en especial la forma de captar lo que requiere la gente en un trabajo que yo considero el mejor en interiorismo, tanto en Venezuela como en muchas partes del mundo. Es un tipo asertivo, conocedor del ser humano y es impresionante cómo entendió a Alberto, a quien no conocía tan bien como yo. Todos sus proyectos son llave en mano porque te sientas con él a discutir cómo va a funcionar el espacio pero luego no se muestra nada hasta el final.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Marisol Monteverde M. dice:

    Me gustaria,conocer a Alberto de Castro y preguntarle por qué los disenadores nunca hacen desfiles para caballeros,con trajes elegantes de vestir, casimir, como hacian, nuestros abuelos,tios y padres.

  2. patricia sáncgez serpa dice:

    Me encanta su trabajo. Según su entrevista con Geanfranco hacen falta costureras y a mi me gustaria trabajar en este ramo.Aprendi por mi madre y en Brivil.

  3. patricia sáncgez serpa dice:

    Me gustaria trabajar como costurera, estoy en la busqueda de una oportunidad.

  4. Bripez dice:

    Excelente Profesional talento venezolano.. Digno de Admirar….. Digno de Escuchar y aprender.

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