Inception (2010), Inseminación onírica en un mundo relativista

En un trabajo en el que registra y analiza 500 sueños propios entre 1896 y 1898, el psiquiatra y escritor danés Frederick Van Eeden usa por primera vez el término sueños lúcidos para designar aquellos sueños en los que el soñador tiene plena conciencia de que está soñando y puede realizar actos de volición libre. Sobre este tema escribe Vaan Eeden: “En estos sueños lúcidos, la reintegración de las funciones psíquicas es tan completa que el soñador recuerda su vida y circunstancias durante la vigilia , alcanza un estado de plena conciencia, y es capaz de dirigir su atención e intentar diversos actos de volición libre. Sin embargo, el sueño, tal como lo he podido establecer, es estable, profundo y refrescante”(ver texto completo aquí, en inglés).

Inception, la más reciente película de Christopher Nolan, de quien recordamos películas previas como Memento (2000) y Batman Begins (2005), tiene como premisa una extensión de la habilidad de tener sueños lúcidos: los sueños lúcidos compartidos. Para darle consistencia a su historia fantástica, Nolan recurre a un dispositivo tecnológico que permite que dos o más soñadores se conecten entre sí por medio de cables especiales y se encuentren dentro del espacio del sueño de uno de los soñadores. Una vez que se dispone de esa tecnología, es posible entrar a voluntad en el sueño de otros y robar una vez que se está allí ideas, información, y cualquier otro contenido de valor que pueda estar guardado en los más remotos ámbitos del inconciente del soñador.

Pero la película, se le dice al espectador casi desde el comienzo, no trata sobre el robo de un contenido de la mente de un soñador sino sobre algo aún más difícil, aun con la tecnología que poseen: la siembra de una idea nueva en la mente del soñador; a esto se llama inception.

Cobb (Leonardo Di Caprio), es el más hábil ladrón de información de los sueños. Éste será contactado por el poderoso Saito (Ken Watanabe) para que, como es típico, conforme un equipo de expertos en la materia. Como siempre sucede en estos casos, el proceso de reclutamiento es pintoresco y emocionante, y obliga a quien recluta a viajar a lugares exóticos para elegir a la persona precisa. Aquí, como en una de esas películas al estilo de Ocean´s eleven, no se trata de un experto en explosivos, o uno que abra cajas fuertes en cosa de minutos, sino de habilidades más curiosas. Es digna de mencionar la participación del Arquitecto, personaje que en el equipo es responsable de diseñar los paisajes dentro de los que se mueven los soñadores. Uno de los momentos más soprendentes, y con los efectos especiales más innovadores, es la demostración preliminar que le hace el reclutador a Ariadne (Ellen page, la artista de Juno), el nuevo Arquitecto. Aquí la referencia a las escaleras de Penrose, y otros objetos imposibles dibujados por M.C. Escher (1898-1972) es evidente. El grabado titulado Relativity es un buen abreboca de lo que el espectador podrá ver en esta y otras escenas de la película.

Relativity, Grabado en madera de M.C. Escher

Una vez conformado el equipo deberán emprender iniciar la operación, para la cual no tiene mucho tiempo aunque sí los recursos casi ilimitados de Saito. Se trata de sembrar en el heredero de una poderosa corporación, que es el rival más importante de la de Saito, la idea de desmantelar la corporación que hereda de su padre.

A partir del instante en que se inicia el sueño compartido para que la siembra de esa idea tenga lugar, la película entrará en un proceso de complicación creciente. El factor que es más responsable de crear complejidad en esta parte de la película es el concepto de sueños dentro de sueños. Nolan juega con la idea de sueños encapsulados dentro de sueños como figuras dentro de figuras en una muñeca rusa (muy pocas veces en mi vida, yo mismo me he despertado dentro de un sueño pero mi sueño no termina hasta que me despierto y abro los ojos a la realidad). Complica aún más seguir el hilo narrativo visualmente el hecho de que en lapelícula se afirma que los tiempos en cada nivel onírico son diferentes y se aceleran en varios órdenes de magnitud a medida que se baja de nivel onírico. El espectador deberá entonces sincronizar su mente para seguir historias que ocurren a diferentes tiempos con los mismos actores, estando ellos concientes de lo que ocurre en cada nivel de sueño. Hay otros elementos más convencionales y propios de la psicología del inconciente que le agregan complejidad y emoción a la trama y hacen más difícil lograr el objetivo de toda la empresa.

La edición cinemtográfica es magistral y clave para que el espectador comprenda cómo ocurren los hechos simultáneamente en los diferentes niveles oníricos. Éstos, demás está decir, se rarifican y hacen más extraños a medida que se desciende hacia el corazón de ese laberinto que es el inconciente, que en esta película es explorado cinematográficamente hasta los niveles más profundos. No es un viaje al corazón de las tinieblas, pero hay elementos en Inception que recuerdan esa historia.

Pienso que la película tiene un guión inteligente y original y que está muy bien lograda porque combina sorprendente y alucinantemente: ambientes imposibles y paradójicos que recuerdan la iconografía de M.C. Escher; teorías modernas sobre el sueño y el inconciente; fantasías sobre la posibilidad de tener sueños lúcidos y compartidos gracias a alguna tecnología futura; especulaciones sobre la multiplicidad de los mundos y en particular sobre los parecidos y diferencias entre la realidad onírica y la de la vigilia (que en algo me recordaron a la trilogía Matrix); sofisticados fármacos (que podríamos haber comprado en las calles de L.A. o Hong Kong en una novela del escritor norteamericano William Gibson ) que inducen inocuamente sueños estables y profundos; y todo esto reunido y ensamblado como una herramienta más al servicio del espionaje industrial, que es el brazo más agresivo de las guerras entre corporaciones.

Complementan estos aciertos las referencias a roles de los actores en películas anteriores: ciertos visos de locura en Leonardo Di Caprio que recuerdan su rol en Shutter Island; la canción icónica de la Piaf, Non, Je ne regrette rien, que suena una y otra vez, y que nos recuerda el papel magistral que tuviera Marion Cotillard (que en Inception hace el papel de Mal, esposa de Cobb) en “La Mome”, La Vie en Rose. Sin embargo, lo que destaca a Inception es su originalidad. Sus peleas no son esa emulación repetida hasta el cansancio que hemos visto después de Matrix, de las coreografías de contendores leves que pelean casi flotando en el aire, que introdujo esa película.

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