Calamaro Rocks Caracas

Por: Daniella Mendoza

Eran las nueve en punto y la gente todavía se encontraba dispersa por el lugar (la sala CIEC de la Universidad Metropolitana), algunos habían salido a fumar y el resto esperaba ansioso pero con calma; lo normal es que los conciertos, al menos en Caracas, tarden en empezar. Pero Calamaro tomó el micrófono pocos minutos después de la hora pautada y, sin decir palabra, comenzó a cantar “Los Divinos”. Los gritos del público no se hicieron esperar y antes de que empezara la segunda canción (un excelente cover de los Rolling Stones) ya todos se habían amontonado contra las barandas, tratando de estar más cerca de El Salmón.

Con buen equilibrio entre las canciones de On the Rock y sus grandes éxitos de años pasados, Calamaro y sus músicos complacieron a todos los fanáticos: los que reconocían a los míticos Candy Caramelo y Tito, los tradicionales bajista y tecladista de Calamaro, y los que preferían cantar “Me envenenaste” o “Todos se van”, ambas de su último disco.

Cuando por fin habló El Cantante fue para saludar a su público y presentar a sus músicos. Caminó hacia cada uno, abrazándolos y nombrándolos con orgullo mientras el público aplaudía. Las guitarras de Diego García y Julian Kanesvky sonaron en agradecimiento, José “El Niño” Bruno se levantó de la batería para recibir los aplausos y lo mismo hicieron Candy Caramelo y Tito Dávila. Luego Andrés habló, dijo que había pedido una botella de tequila aunque “estaba tomando ron Santa Teresa, pero mezclaremos, que dicen que es muy bueno”. Con shots servidos para cada músico y hasta uno para el público, la banda brindó y tocó “Te solté la rienda”, la ranchera del mexicano José Alfredo Jiménez.

Demasiado rápido, el grupo dio las gracias a su “excelente público” y se fue. La espera se hizo larga y la gente, todavía aplaudiendo, comentaba que Andrés no podía irse sin tocar “Flaca”. Entre gritos de “Oe…oe…oe…oe…Andrés, Andrés” volvieron los músicos a la tarima, pero no complacieron inmediatamente: primero tocaron “Te quiero igual” y “Los Chicos”. Después de asegurar que “tocamos estos dos pájaros y nos vamos”, Andrés cantó, por supuesto, “Paloma” y “Estadio Azteca”. Aún no llegaba “Flaca” y la gente comenzaba a pedirla desesperadamente. Una pausa que se hizo eterna y, al fin, sonaron las primeras notas de la canción. El público comenzó a tararear, y con ellos de fondo y en esa misma voz ronca de siempre, Andrés rezó
“Flaca
no me claves
tus puñales
por la espalda
tan profundo
no se sienten
no me hacen mal”

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