hambre de información y sociedad dopaminérgica

Cuando alguien tiene una colección de álbumes como la que vemos en la fotografía, pensamos
que es de otro siglo, otra época. Una en la que aún no se conocía y no había sido ampliamente difundida la práctica de llevar de un lado a otro miles de canciones en un ipod y escucharlas donde querámos pero combinadas según el orden que determine el azar o la lógica del software que maneja las canciones de acuerdo con un sistema de shuffling que, de algún modo se asemeja o recuerda el zapping que controlamos a voluntad cuando oprimimos el control remoto del televisor, en ocasiones de un modo casi automático. En todo caso, el shuffling, o el zapping no son sino dos mecanismos que ha desarrollado la tecnología para ofrecernos la posibilidad de tener acceso inmediato a la variedad de estímulos visuales o audiovisuales a la que nos hemos acostumbrado.

Según Matt Richtel, reportero de tecnología del New York Times, la saturación de información a la que estamos expuestos no es algo para lo cual hayamos sido diseñados genéticamente o para lo cual la evolución nos haya preparado como especie, y esto hace que ese exceso de información tenga consecuencias. Además, no sabemos si la humanidad aún existirá sobre la Tierra cuando nos hayamos adaptado completamente a esta condición de vivir como hiperreceptores y procesadores de crecientes cantidades de información.

Richtel recuerda que el consumo de medios de comunicación ha crecido de un modo avasallante en los últimos años. En el 2008, la gente consumía tres veces más información de lo que lo hacía en 1960. Pero esto no es todo. Marca de un modo más radical la forma en que se consume la información en la actualidad la velocidad a la que cual cambiamos nuestra atención. Los usuarios de computadora, en promedio, cambian ventanas, o revisan sus cuentas de correo electrónico u otros programas unas 37 veces por hora. Es esta actividad ininterrumpida lo que , para Adam Gazzaley, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco, define uno de los cambios culturales más significativos para el entorno de los seres humanos. Estamos exponiendo a nuestros cerebros a un ambiente de saturación de información para el cual no fuimos preparados evolutivamente (…), sabemos que esto tiene consecuencias. Una de ellas es que pudiéramos perder nuestra capacidad para concentrarnos. Sobretodo porque la sobreestimulación del cerebro incrementa los niveles de dopamina (compuesto químico que es a la vez una hormona y un neurotransmisor). la dopamina pertenece a la familia de las catecolaminas y su función está relacionada con el área del cerebro responsable del sistema del placer y de la motivación. Los niveles elevados de dopamina en el cerebro crean adicción. De modo que si buscamos mantener elevados niveles de dopamina, desecharemos actividades poco variadas y contemplativas que no generan dopamina y preferiremos las hiper-variadas que nos crean la sensación de vivir como si estuviéramos en una montaña rusa.

Según el investigador Fred H. Previc, profesor de ciencias en la Eleanor Kolitz Academy en San Antonio, y autor de The dopaminergic mind in human evolution and history (2009), los niveles de dopamina en el cerebro, codificados genéticamente, pueden haber jugado un papel en la aparición del Homo sapiens y su evolución hasta configurarlo como una especie cuyos individuos tenían una preocupación por la religión y el cosmos, una obsesión por las conquistas y el logro de objetivos, un desapego emocional que en algunos casos estuvo asociado con brutalidad, y una capacidad para tomar decisiones bajo incertidumbre que implicaran toma de riesgos. Pero Previc no se queda en la explicación del rol de la dopamina en la evolución- Previc piensa que elevados niveles de dopamina serían la causa de diversos desórdenes psicológicos en sociedades industrializadas. Esto lo lleva a definir la sociedad dopaminérgica, que es aquella donde el logro de objetivos cambiantes a una velocidad creciente se convertiría en una obsesión “dado que la dopamina incrementa nuestros niveles de actividad, acelera nuestros relojes internos y crea una preferencia por lo nuevo”. En la sociedad industrializada e hipertecnologizada, en la que los individuos reciben y procesan una cantidad creciente de información, la dopamina jugaría un papel aun más importante que por ser adictiva se reforzarían en un ciclo de feedback positivo.

La tecnología está recableando nuestro cerebros, dice Nora Volkow, directora del National Institute of Drug Abuse, y una de las científicos del cerebro más importantes del mundo. Ella y su equipo comparan el estímulo producido por la hiper-información digital con la comida y el sexo, que son esenciales pero contraproducentes si están en exceso. Este exceso de información, por otra parte, hace que se incremente el número de personas que trabajan en múltiples tareas, por las razones arriba mencionadas. El problema con los multitaskers es que no tienen la capacidad 8cada vez la tiene en menor grado) para dejar ese estilo de trabajo o de conciencia de su entorno para, por ejemplo, cuando juegan con uno de sus hijos pequeños, concentrar toda su atención en ese juego. Es decir, los multitaskers, cuanto más persisten en este modo de trabajo, más difícil les resulta dejar de serlo.

Fuentes
Para los interesados en leer el artículo de Matt Richtel en el NYT cliquear aquí
Para los interesados en leer un sumario y tabla de contenido del libro de Fred H. Previc cliquear aquí.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. ivan dice:

    hola, muy interesante sus notas. la verdad es que la internet tiene sus luces y sus sombras, dado que las sombras van directamente con cierto detrimento en nuestro cerebro y no por la presencia misma de la internet; sino, que todo tiene su precio señalaba Mcluham. les agradeciera si me envian informacion sobre estos temas. estoy haciendo una tesis en relacion a estos efectos que de la TIC. MI CORREO avalos208@hotmail.com. gracias.

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