India como fuente y alimento del espíritu

Estatua de Balakrishna, en el Museo Nacional de Nueva Delhi (foto: Girish Kulkarni & Nishita Desai)

Por: Lorenzo Dávalos y Manuel Lebón

El viajero que con una intención espiritual visita la India por primera vez, pudiera sorprenderse al enterarse de que el ritual del fuego sagrado védico que se realiza en templos o ashrams, o en el marco de nacimientos, bodas, o funerales, estaba descrito con precisión en el Rig Veda, poema sagrado compuesto alrededor de tres mil años a.C. por los primitivos pobladores del valle del Ganges y el Punjab. La ceremonia del fuego es una muestra de esa permanencia casi atemporal de la fe y sus prácticas en esta región del planeta. Pero no se trata de cualquier tipo de fe, y su diferencia se relaciona con el hecho de que los indios mostraban cierta propensión a la abstracción, a preocuparse por temas y problemas que no pertenecían a este mundo. Tanto así, que en los Vedas no se encuentra una relación de los hechos históricos sino más bien cantos a los dioses y modos de comunicarnos con ellos o recibir de ellos sus beneficios. Algunos piensan que el soma, esa planta cuya identidad se ha perdido (que se piensa pudiera ser la Ephedra sinica o algún hongo con efectos psicotrópicos semejantes al LSD), y que era consumido durante sus rituales sagrados, tenía propiedades alucinógenas que producían estados alterados de conciencia y despertaban al hombre a percibir otros planos de conciencia o de existencia. Esto quizás explicaría esa propensión a lo abstracto en el hinduismo que en la actualidad se aprecia, no sólo en el misticismo sino también en oficios más mundanos como las matemáticas y el desarrollo de software para computadores.

India en Occidente

La influencia de Oriente en la filosofía y espiritualidad de Occidente tiene una larga historia. Los estudiosos han identificado vestigios de pensamiento indio en ciertas prácticas de los pitagóricos, así como en algunos conceptos filosóficos fundamentales de Platón como: la teología de la reencarnación y la contemplación mística de Dios. Alejandro el Grande visitó la India alrededor del siglo IV a.C. y trató de conquistarla pero sólo dejó una huella que tuvo una larga permanencia en la memoria de los indios. Es posible que las descripciones que nos legaron sus soldados de la naturaleza y paisajes del norte de la India, hayan creado una de las primeras concepciones Occidentales sobre estas tierras. Años más tarde, hacia el 200 d.C., Clemente de Alejandría mostraría su sorpresa ante la forma de comportarse de los brahamanes que conoció en Alejandría: no comen carne animal ni beben vino, …desprecian a la muerte y no estiman demasiado su vida porque están persuadidos de que hay una regeneración (…) Los indios que son hombres sagrados andan desnudos durante toda su vida; buscan la verdad y predicen el futuro.

Occidente tuvo otros contactos importantes con el pensamiento indio a lo largo de los siglos. Uno de estos ocurrió cuando a finales del siglo XIII, el viajero y mercader veneciano Marco Polo cruzó la serpenteante ruta de la seda y trajo de regreso numerosas y fantásticas historias de China, India, Tíbet y otros países lejanos. Siglos más tarde, en 1819, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer publicó El Mundo como Voluntad y Representación, libro que tuvo gran influencia en diversos filósofos contemporáneos. Este se había inspirado en la lectura de la traducción latina de los Upanishads (textos sagrados compuestos por comentarios a los Vedas).

El capitán Richard Francis Burton

Luego, en 1883, Sir Richard Francis Burton, explorador, traductor, escritor, soldado, poeta y diplomático británico, publicó una primera traducción del Kama Sutra, antiguo texto sánscrito sobre el amor y prácticas sexuales de los indios y que contribuyó a que se construyera en Occidente a los indios como un pueblo con una actitud distinta y profunda hacia el sexo, que en algunos casos rayaba con lo místico. Por tanto, a fines del siglo XIX, la mesa estaba servida para que Occidente se formara esa idea de la India como una región de ideas profundas en la que lo religioso había llegado a permear incluso hasta algo tan terrenal como el sexo.

    Vigencia de un explorador inglés

    Escultura erótica en el Templo de Mukteswar (foto: Sujit Kumar)

    El capitán Richard Francis Burton (1821-1890) perteneció a una época que no conocía la revolución feminista ni el rechazo a los fundamentalismos religiosos, sin embargo, desafió a la sociedad victoriana de finales del siglo XIX en Inglaterra con su fascinación inusual por la literatura erótica. Burton, que se destacó como explorador, traductor, escritor, soldado, orientalista, poeta y diplomático, presentó a Occidente una versión en inglés del KamasutraKama Sastra, originalmente-, igual que de otros textos eróticos como la traducción original de Las Mil Noches y una Noche, El jardín perfumado, el Ananga Ranga, además de otras obras que reunían anotaciones sobre las costumbres sexuales de los remotos lugares que visitó. Estas obras fueron duramente censuradas por la Inglaterra victoriana. Por esta razón se creó la Sociedad Kama Sastra, un círculo de amigos dentro del que se circulaba la literatura erótica. Recientemente ha habido una renovación del interés en temas de sexo en la India. Sting, integrante de uno de los grupos de rock más importantes de los 80´s, The Police, declaró que quien se somete a la disciplina tántrica, heredada del misticismo hindú, podía hacer el amor durante largas horas. Otra vez, el mundo entero se fascinó con la maestría con la que la ancestral cultura asiática había dominado los placeres carnales. El Tantra ha sido descrito como una de las variadas tradiciones esotéricas basadas en las religiones de la India; y sus textos sagrados indican que la energía divina se representa en el individuo a través de la sexualidad y la unión de elementos masculinos y femeninos dentro de un mismo ser. En la actualidad, como resultado de siglos de traducciones e interpretaciones, nace el neotantra como una serie de prácticas sexuales inspiradas en ciertas metáforas de los antiguos textos fundamentales del hinduismo que persiguen alcanzar mayores niveles de gozo físico junto a la conexión espiritual.

Un mensaje milenario llega a Occidente
En 1893 se celebra en Chicago el Parlamento de las Religiones del Mundo, evento inscrito dentro de la Feria Mundial. Allí llegó un joven de piel oscura que causó gran conmoción con un discurso donde negó que en la India existiera el politeísmo y dijo que “para escapar del dolor de la reencarnación eterna, los humanos deben conseguir la unión con la fuerza trascendente y solo así puede cesar la muerte, cuando soy uno con la vida”. Se trataba de Swami Vivekenanda (1863-1902), hijo de un rico abogado de Calcuta que se hizo discípulo del guru Ramakrishna, quien había estudiado diversas tradiciones religiosas y estaba convencido de que el hinduismo tenía que convertirse en una religión mundial: “le harás un bien infinito al mundo”, le dijo a Vivekananda en su lecho de muerte y “hasta que no lo hayas conseguido no regresarás”. El swami se preparó para cumplir la voluntad de su maestro y a los treinta años de edad llegó a Chicago, financiado por un rico maharajá, y permaneció así por tres años en los Estados Unidos. A este guía santo le seguirían muchos otros, entre los que destaca Paramahansa Yogananda (1893-1952), un discípulo del Mahavatar babaji (maestro no encarnado), que se haría famoso en Estados Unidos. Yogananda tuvo una visión en 1920 de una multitud de rostros occidentales y con la ayuda de su padre se embarcó hacia Boston. Al llegar, dictó conferencias por todo Estados Unidos y en 1925 creó la Hermandad de la Autorealización en Los Angeles. Miles de personas fueron entrenadas por Yogananda en el kriya yoga, conjunto de “técnicas de meditación que le permiten al iniciado dirigir la energía de su vida alrededor, y a través de los seis centros dispuestos sobre la médula espinal, que se corresponden con los doce signos astrales del zodíaco”. Yogananda fue el primer swami en ser invitado a la Casa Blanca, escribió el clásico Autobiografía de un Yogui y falleció en Los Angeles. Otros maestros indios notables fueron: J. Krishnamurti, quien pasó su infancia como una especie de Mesías cautivo de la Sociedad Teosófica creada por Madame Blavatsky, que luego abandonó y se convirtió en prolífico escritor y conferencista hasta su muerte en 1986; y Maharishi Mahesh Yogui, quien en los años sesenta sedujo, con la Meditación Trascendental, a los Beatles (el Album blanco fue escrito durante la estadía del grupo en Rishikesh, en un curso de meditación con el Maharishi), Mick Jagger, Mia Farrow y un sinfín de famosos personajes del mundo pop.

ShaktianandaMa: legado védico en Venezuela

Erika Tucker nació en Caracas el 26 de septiembre de 1961 y fue la tercera de cinco hermanos. Estudió Comunicación Social y al graduarse trabajó como periodista de espectáculos a finales de los años 80 y principios de los 90. Trabajó como redactora de El Diario de Caracas y dirigía un segmento radial y el programa musical de televisión A Toque. En el año 1991, su madre fallece en un accidente automovilístico en el que Erika conducía. Esto la dejó convaleciente durante varias semanas, la hizo cuestionarse lo que había hecho hasta ese entonces, y cuestionar inclusive su propia fe. Erika se recuperó de forma admirable de las heridas sufridas durante el accidente y a partir de ahí inició un sorprendente recorrido: “tenía sueños reveladores, desdoblamientos en los que me observaba desde arriba y en donde me decía a mi misma que sanara. También veía a mi madre en una esfera de luz diciéndome que estuviera tranquila y que su muerte no era culpa mía”. Desde esa época, Erika inició un examen retrospectivo de su vida que la hizo hacer un cambio radical en su vida profesional y personal. “Pensaba constantemente dónde estaba mi madre y recordaba una frase recurrente del colegio católico donde estudié: la vida es eterna. Esta me alentó a buscar a mi mamá; una lectura de tarot me reveló que tenía un don, la escritura, y me predijo que lo iba a desarrollar con mucho poder y fuerza”. Su madre fue la primera en comunicarse con ella a través de un proceso de escritura automática que actuó como catalizador de su despertar espiritual. “Estuve días y meses esperando y todas las noches tomaba una resma de papel y me ponía a escribir con fe de que algo iba a ocurrir y finalmente ocurrió. La escritura fluyó y la primera entidad que vino fue mi madre”. Con el paso del tiempo, la escritura automática pasó de entrecortados monosílabos a ser un escrito fluido que podía alcanzar hasta veinte páginas.

Al cabo de un tiempo, Erika se mudó a Miami, donde un medico colombiano la conectó con una fuerza espiritual que le dijo que estaba gestando un plan con ella. Tiempo después, luego de leer Autobiografía de un Yogui, de Paramahansa Yogananda, se le reveló a Erika el Mahavatar Babaji, un maestro de maestros que vive en la cordillera de los Himalayas. En otra revelación, sus maestros le profetizaron que iba a tener una orden. En 1999 llegó Víctor Mayo a la vida de Erika. Víctor estaba haciendo una tesis de psicología sobre estados alterados de conciencia y diversos sincronismos lo llevaron a un encuentro con ella que cambió su vida para siempre. Poco tiempo después, el Mahavatar Babaji comenzó una proyección de luz más firme y profunda alrededor de Erika, que fue iniciada primero con el nombre Mengala. Fue entonces cuando estableció una orden espiritual hacia comienzos del año 2001 con un pequeño grupo de adeptos. Años más tarde, en 2004, Mengala recibe una revelación que la bendijo como Shaktiananda. De este modo se convirtió, después de una peregrinación al norte de la India, en marzo de 2005, en la primera “Maestra de Luz bajo la Conciencia de Shiva” en América. Tras visitar el ashram de Babaji en los Himalayas, recibió las iniciaciones y otorgamientos previstos, además de la confirmación de las mayores autoridades religiosas indias.

Peregrinaje distintivo

Desde 2005, ShaktianandaMa, ha realizado diversos recorridos por el subcontinente indio junto a un grupo de adeptos para recibir allí las bendiciones en la noche cósmica de Shiva, y otros peregrinajes que han ido cambiando ligeramente cada vez, los cuales siempre se realizan en los meses de febrero y marzo, la mejor época del año para visitar India. Durante el cuarto viaje de peregrinación, ShaktianandaMa recibió de sus guías no encarnados las sugerencias y propuestas para su recorrido más extenso hasta la fecha, facilitado por sus atentos preceptores indios. El itinerario incluyó algunos de los lugares más resguardados en la India. El recorrido se extendió por 28 días y abarcó más de 7.655 kilómetros en los que visitó una veintena de ciudades y locaciones, desde las estribaciones de los Himalayas en Cachemira. fronterizo con Pakistán hasta Chidambaram en la lejana y tropical costa de las especies de Tamil Nadu. En ese viaje empleó los más diversos medios de transporte: avión, tren, bus, automóvil, caballos, mulas o sus propios pies. Este peregrinaje incluyó desde las alturas de Vaishno Devi, el santuario de peregrinación más importante de esta diosa en India, pasando por Pondicherry, la ciudad que acogió a Sri Aurobindo; hasta el Templo de oro de Chidambaram. El punto de llegada del grupo era Delhi, la ciudad capital. Quien llega a Delhi debe conocer, más temprano que tarde, el Bazar principal, espacio multirracial donde seres de todo el mundo confluyen en un área no mayor a diez cuadras y donde la vida bulle las 24 horas. Uno de los lugares visitados en Delhi fue el “Templo del Loto”, como lo conocen en la ciudad, estructura construida por los seguidores de la fe Bahai, y que semeja un impresionante loto abierto. La arquitectura del templo rompe con los esquemas de todas las tradiciones espirituales y se coloca como un espacio ecuménico de encuentro de todas las religiones.

Recorrido en autobús

ShaktianandaMa estuvo por tercera vez en Akshardam, parada obligada de viajeros y peregrinos que pasan por la metrópoli debido a que combina el templo hinduista más grande del mundo y una especie de parque temático. El recinto abrió sus puertas en 2005 y es considerado por muchos como una octava maravilla del mundo, dada la belleza de su arquitectura, sus jardines y esculturas, que no dejan de sorprender al visitante. En autobús, la ruta continuó para culminar el periplo por el llamado “triángulo dorado” del turismo indio: Delhi, Agra (con una visita al siempre hermoso Taj Mahal), y luego Jaipur, la ciudad rosa o la Rosa de la India. Jaipur es, por tradición, la ciudad de los Maharajas. Hace siglos, el Maharaja de Jaipur decidió pintar toda la ciudad de rosa. Uno de sus edificios emblemáticos es el Hava Mahal (Palacio del Viento), hermosa obra arquitectónica emblema de una ciudad rica en rastros de la cultura védica más pura. El planetario de la ciudad es uno de los más completos de India y posee estructuras fenomenales para la captación de información astronómica y sideral. También el Amer Palace es digno de visitar ya que es antiguo lugar de residencia de los Maharaj que conserva su majestuosidad a pesar del paso del tiempo. La vista de Amer Palace desde la carretera es impresionante; desde allí los antiguos reyes ejercían un control sobre la ciudad y la posibilidad casi irreductible de defensa contra los invasores musulmanes.
Después de más de 15 horas de viaje en autobús en dirección norte hasta la montañosa región de Cachemira, limítrofe con Pakistán, ShaktianandaMa y su grupo pernoctaron en Katra, ciudad que descansa a los pies de un lugar de peregrinación poco conocido para los occidentales pero muy santo para los devotos de Shakti: Vaishno Devi el segundo templo más visitado del país por los nativos. Los peregrinos montaron las mulas y caballos para ascender al encuentro de la “Madre Divina” por cuatro largas horas de camino que hicieron más llevadero entonando mantras junto a cientos de peregrinos con quienes realizaban su ascenso, algunos a pie, en un trayecto de 15 horas. Vaishno Devi está resguardada por estrictas medidas de seguridad, dada la cercanía del peligroso Pakistán y la importancia mística de esta pequeña pero poderosa cueva sagrada. Aquí concluyó el recorrido en autobús.

Recorrido en tren

La siguiente etapa, en que el grupo estuvo acompañado de Mahamandaleshwar Swami Nardananda, fue realizada en tren, vehículo en el que recorrieron el centro y sur de la India. Uno de los puntos más llamativos de este tramo fue Ujjain, ciudad que discurre serena a lo largo de las riberas del río Shipra, y lugar sagrado donde se celebra el conocido festival Kumba Mela cada 12 años. Para los hindúes Ujjain es la ciudad del centro de la Tierra, situada sobre el punto geográfico situado entre el Trópico de Cáncer y el Meridiano 0. Siddha Ashram es el ashram base del Swami Nardananda, uno de los Mahamandaleshwar de mayor nivel espiritual de India, alquimista y doctor en medicina ayurveda, que llegó a Ujjain hace más de 20 años, cuando esa zona era aún una densa jungla. Casi devorado por la vegetación y el abandono se halla el Templo del Sol de Ujjain, antes un lugar impresionante y lleno de un energía muy especial. Hace menos de un siglo, los devotos de Surya, dedicados a la meditación, se congregaban por cientos en los espacios abiertos del templo, para meditar observando al dios Sol y recibiendo de éste su energía. Uno de los motivos más importantes para la peregrinación 2008 a India fue el encuentro de la maestra con Swami Nardananda y la visita al Templo de Shyam Ji, ubicado a unos 200 kilómetros de Ujjain, en Madhya Pradesh, lugar donde el grupo participó en la colorida entronización de una estatua de Vishnu.

Tamil Nadu

La ciudad sagrada de Kanchipuram se encuentra en la provincia suroriental de Tamil Nadu, a unos 70 kilómetros de Chennai (Madras), en la vía hacia Pondicherry. Esta población de doscientos mil habitantes posee, según sus habitantes, más templos que hogares de familia, y está considerada como una de las siete ciudades sagradas de la India (la Varanasi del sur como le dicen). Está situada junto al río Palar, y es conocida por sus templos y sus finos saris de seda. Entre los templos, hay unos 124 en buen estado de conservación y destacan los de Ekambareswara del siglo IX, dedicado a Shiva y con las torres más altas del sur de la India; y Vaikunthaperumal del siglo VIII erigido a Vishnu. En el patio de Ekambareswara hay un árbol de mango de casi 3.500 años de antigüedad cuyas cuatro ramas principales ofrecen frutos con sabores que representan a los cuatro Vedas. Kanchipuram es además un reputado centro de aprendizaje tamil, pero es también un importante centro religioso para las tres grandes religiones propias del subcontinente. En Tamil Nadu las montañas surgen de improvisto, en soledad, desde un suelo totalmente plano y dan la impresión de un grupo de gigantes, emergiendo inmóviles de la vasta planicie. Entre esas montañas se levanta Arunachala, triángulo dorado e irregular emplazado sobre la tierra que según las escrituras hindúes es la manifestación física de Shiva. Arunachala constituye un vórtice de devoción, lugar sagrado al que acuden millones de peregrinos porque la montaña es, en sí misma, un shivalingam y las creencias dicen que quienes la visitan y circunvalan obtienen bendiciones. Peregrinos de todo el mundo y ascetas de varias religiones (incluidos cristianos) toman parte cada día en la caminata conocida como giripradakshina —en sánscrito gir, montaña, pradakshina, circunvalación. Muchos lo hacen en la madrugada en un trayecto que se extiende por casi dieciocho kilómetros alrededor de Arunachala. A orillas del camino, se encuentran múltiples lugares de reposo y contemplación que van desde elaboradas capillas hasta sencillísimos altares. La población de Tiruvanamalai se encuentra a los pies de la montaña sagrada y el inmenso templo Arunachaleswara es el segundo templo hindú más grande de la India, cuya arquitectura monumental está marcada por trece siglos de continua reverencia. Sus altas murallas trazan un inmenso cuadrilátero de granito en la falda oriental de la montaña. En cada uno de los costados del complejo se abren cuatro puertas gigantescas, cuyos arcos están coronados por torres piramidales. La ciudad de Chidambaram se sitúa en la parte central de Tamil Nadu y también fue conocida como Thillai, nombre que significa literalmente el cielo impregnado por una atmósfera de sabiduría. El templo de Nataraja, situado en el centro de la ciudad es de gran importancia ya que es el hogar del Shiva danzante y partes del recinto como la cúpula del sanctum están hechos en oro puro. Finalizando el recorrido, en la pequeña y casi inaccesible aldea de Paranguipettai (antiguamente llamada Porto Novo), en Tamil Nadu, la Madre y los peregrinos encontraron uno de los tesoros mejor guardados para los devotos de Babaji: el lugar exacto donde nació este maestro hace dos milenios. Babaji, considerado el más grande de los yoguis, se dice que él alcanzó la iluminación y la inmortalidad a muy temprana edad y que desde entonces reside en un ashram oculto en algún lugar del Himalaya.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel Lebon dice:

    Que bueno poder leer la versión completa de ese fantastico artículo que en su momento salió publicado en GP.. Muchos saludos y espero ver volver esa publicación a la vida

    1. Lorenzo Davalos dice:

      Gracias por tu comentario Manuel,

      Tan pronto la relancemos te avisaremos.

      Un abrazo

      Los editores.

  2. Maria Lozano dice:

    Articulo muy profundo pero disiento con la primera parte en la que, a partir de una simple inferencia (que el soma “puede ser” una planta alucinógena) se explica que eso puede justificar la facilidad que tenian los indios para entrar en otros estados alterados de conciencia. Hay muchas versiones de lo que es el soma, y las más confiables no hacen ninguna referencia a ninguna planta, sino a algo que emana del propio sujeto en estados de trascendencia, kundalini ascendiendo dispara una sustancia que el ser humano tiene en si mismo y que le lleva a esos estados. Por lo tanto es injusto atribuir esta capacidad inherente en todos los seres humanos y despierta en los rishis a una mera ingestión de drogas, disminuyendo asi la grandeza de estos sabios.
    Por otra parte, y en honor a la verdad, el hecho de que los antiguos indios, hindúes o védicos se preocupaban más por las cosas del otro mundo que por las de este, es una invención occidental que no se corresponde a la realidad probada de la grandeza de la civilización antigua hindú, en la que hay tratados arquitectónicos, de todo tipo de ciencias, leyes y demás parámetros por los que se sigue cualquier sociedad. Es más, de muchos de los “descubrimientos” occidentales hechos en los últimos siglos y atribuidos solo a los occidentales, encontramos referencias de los mismos en los Vedas. Les sugiero que se informen a fondo de fuentes fidedignas.

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