Christian Dior (2), coqueteando con Venezuela

Por: María Ángeles Octavio

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Desde sus inicios en la moda, Dior conoció mujeres venezolanas. Las consideraba extremadamente elegantes y bellas. Siempre sonreídas, bien trajeadas, representaban luz en medio de la depresión que rodeaba el entorno parisino. Ajenas a los avatares de la guerra y cultas, ellas, admiraron el talento de Dior desde que su New Look comenzó a caminar por las calles de las grandes avenidas y boulevares franceses.

En los años cincuenta, bajo un implacable régimen autoritario, Venezuela estaba ubicada entre los cinco países con mayor crecimiento económico en el mundo; algunos vivían años de moda, lujos y opulencia, alimentada por los dólares que dejaba el petróleo y un exquisito y refinado gusto muy afrancesado, legado de Guzmán Blanco. Las hermanas del colegio San José de Tarbes se habían instalado en Venezuela y la educación que impartían era completamente francesa. Las mujeres de familias acomodadas de aquella época viajaban a Francia por largas temporadas. Sus gustos eran finos y caros. En lo que fue una época dorada de la moda en Venezuela, las grandes firmas mundiales estuvieron presentes en muchas tiendas glamorosas de la capital venezolana. En esos años Dior viaja a Sudamérica y abre su boutique en Venezuela.


Venezuela recuerda a Christian Dior

Cuando llegaron los representantes de Cartier a Caracas ubicaron a Margot Boulton de Bottome para presentarle a Jack Rouette de la casa Dior de París, quien estaba en Venezuela. En ese encuentro le propusieron ser la relacionista público de la casa Dior en Caracas. Inmediatamente aceptó. Alquilaron el espacio que estaba al lado de la de Cartier e hicieron la boutique. Se hizo una réplica, en pequeña escala, del 30 de la avenida Montaigne. La tienda de Dior abrió en 1952 para cerrar a finales de la década. El propio Christian Dior firmó el registro de su marca en el registro mercantil de Caracas. Quedaba donde estuvo Galerías Hacht, frente al actual Centro Lido. La tienda de El Rosal era una tienda de alta costura. Se traían la telas de París y las operarias traídas de Francia cosían la ropa, ya que en la dictadura, las importaciones de piezas terminadas eran un asunto complicado.

Margot de Bottome desde que conoció a Dior, simpatizó mucho con él, se entendieron a la perfección. “Él hablaba poco y con un tono muy bajo”. Una de las preguntas de monsieur Dior fue acerca del potencial de la mujer venezolana, a lo que respondió que existía un grupo pequeño de treinta a cuarenta señoras que estaban a la altura de Dior y que apreciaban lo que hacía. Le aseguró que no se trataba de hacer cosas que sólo gustaran a los ojos, debían buscar mujeres que al usar uno de sus trajes sintieran que llevaban el alma que Christian Dior le dio a la costura. Le afirmó que era preferible tener un pequeño grupo de mujeres que apreciera la calidad de su trabajo. El número crecería cuando las mujeres venezolanas concientizaran el trasfondo de la marca. Ellas gustaban de las fiestas y la moda y esto ayudaría. La labor de la boutique Dior era darle un valor espiritual, por encima del económico. Las clientes de aquella época eran Elisa Mendoza de Azpúrua, Luisa Mendoza, Mimí Herrera, las mujeres de la familia Boulton, Alicia Estrada y el clan del gobierno de Marcos Pérez Jimenez. “Éramos un grupo de señoras de la sociedad quienes nos vestíamos de Dior, pero la que jugó un rol muy importante fue Mimí Herrera”.

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“Mi abuela fue clienta y amiga de Dior en los años 50 mientras él estuvo al frente de la Casa; luego también se relacionó con Marc Bohan quien siguió en la dirección de la misma”. Cuenta María Teresa Picón, nieta de Mimí Herrera. ”Anécdotas como tal no puedo recordar ninguna, pero oí a mi abuela relatar que en los años 50 Dior vino a Venezuela e hizo un desfile en la hacienda La Vega y se quedó allí por una semana. También puedo contar que el vestido de débutant de mi mamá lo hizo él. Así, como su vestido de novia, que fue con el que yo me casé. En vida, mi abuela, donó varios vestidos de muchísimo valor a la casa Dior para que los tuvieran expuestos en sus talleres y sede principal en París. Sé que han estado también en varios museos cuando se le ha rendido algún tributo a Christian Dior.”

Así habrá sido la admiración de Dior por las venezolanas que Carmen Rodríguez, hermana de Luisa de Mendoza, trabajó como relacionista público del propio Dior en París y cuando la casa pasó a manos de Ives Saint Laurent y luego a las de Marc Bohan, ella continuó con una estupenda relación laboral. Confirma su sobrina Luisa Elena Mendoza de Pulido. “La personalidad, las amistades y ese sentido de lo que era la moda, hicieron de tía Carmen la colaboradora ideal para la casa Dior. Ella disfrutaba enormemente su trabajo. Viajó desde San Francisco a China con la colección y con los directores de la firma, creando nuevas rutas. Por supuesto, Caracas también estuvo en su intinerario”.

Alicia Estrada, la elegante esposa del entonces director de la Seguridad Nacional, recuerda con inmensa emoción la fiesta en el Círculo Militar. “Estaba el General Marcos Pérez Jimenez junto a su esposa quien se vestía de Dior, al igual que yo”. Agrega que eran pocas las mujeres venezolanas que podían vestirse de Dior porque era costoso, pero un privilegio enorme, porque la ropa de Dior, era la ropa de Dior. “No puedo decir que era amiga de Dior, como lo fue Mimí Herrera, a quien él le dedicó un vestido y hasta una tela, pero lo conocí socialmente varias veces y otras en su atelier”. “Cuando uno llegaba a la Casa Dior de la avenue Montaigne lo recibían las señoras que nos guiaban hasta el salón de prueba. Dior aparecía de la nada, daba unos toques y desaparecía. Siempre estaba presente, se sentía su espíritu en todo. Recuerdo también los desfiles, la verdad es que no eran desfiles, en aquella época no estaban de moda, eran eventos muy privados en los que las modelos cargaban un número en las manos y caminaban por la sala. Uno iba anotando los números de los vestidos que le gustaban y al final los entregaba y las señoras los buscaban para las pruebas. Fue una época dorada”.


    El impacto de la visita de Dior a Venezuela

    Bolívar Films filmó la llegada y la subida del aeropuerto de Maiquetía a Caracas de Christian Dior. Quien lo recibió en el aeropuerto fue el empresario griego Jimmy Thermiotis, quien establece una amistad y relación comercial fructífera con Dior, según refiere Margot Rodríguez, asistente personal por varias décadas del empresario [foto de thermiotis y dior]. En el pietaje vemos las escalinatas del avión por las que bajaron señores de flux y señoras vestidas de forma muy sobria con sombreros y lentes oscuros y por supuesto, Dior. La siguiente imagen es la de la fila de Chevrolet Stylemaster subiendo por la carretera vieja y la llegada a la tienda Christian Dior. Su inspirador, Dior, al verla, diría que era una réplica en pequeño del 30 de la avenida Montaigne. Ya para cerrar el importante registro fílmico vemos a Dior dentro del local supervisando las telas, los vestidos y a las dependientas muy serviciales mostrando las bondades del lugar.

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Las reseñas sociales de la época cubrieron el evento con varias columnas. La llegada a Caracas de Dior, las fiestas en el Cículo Militar que recuerda Alicia Estrada y la rueda de prensa en el Hotel Ávila que le hicieron al personaje en la capital venezolana. Entre éstas destaca la fiesta que le hicieron Guillermo Machado Morales y su esposa Yuye.

En los sociales de la columna del Club Paraíso de entonces narran que también fue agasajado con un cocktail party en casa del embajador de Francia, Pierre Arnal y su esposa Suzanne de Arnal. La reseña resalta que las personas, tratándose de tan célebre personaje, “lucieron trajes a tono con las circunstancias y echaron la casa por la ventana”. La nota asegura que a Dior no se le escaparon los detalles, mas cuando a su atelier de París le habían llegado noticias de lo bien que se vestían las venezolanas. Las pieles estaban por doquier, los sombreros de anchas alas, los pequeñísimos, los velos al rostro y las esplendorosas alhajas. Sin embargo, para desaire de las concurrentes el señor Dior se refirió insistentemente a otros temas, entre ellos el de la fiesta que le ofrecieron Johnny Phelps y Anita Boulton de Phelps.

Uno de los artículos publicados en la víspera de la venida de Dior a Venezuela recreó parte de la intimidad del personaje. Ésta se resumió en dos personas vitales de su mundo, Iván el jardinero polaco a quien Dior veneraba por sus conocimientos sobre los jardines y Denise, una martiniqueña que cocinaba, pero que en realidad era una creadora y quien preparaba los platos favoritos del maestro y creaba otros. Esta mujer se vestía con trajes hechos por Dior quien aseguraba que a todas las mujeres les gustaba estar bien vestidas y bellas, y que él provería a Denise de sus ropas.


Dior en nuestras letras

Como todo incide en la literatura, aquí se muestra un ejemplo que da Rodolfo Izaguirre de cómo con en un par de pinceladas se describe el pensar de Venezuela para la época. Rodolfo Izaguirre señala que la escritora venezolana Elisa Lerner en su obra “La bella de inteligencia”, logra aprehender en un par de frases el rostro de nuestro país, sus gestos, las maneras de moverse y de amar, sus traiciones e infidelidades. “La Bella es una mujer de muebles victorianos, divanes azules, calas en los floreros; un elegante traje negro de Dior y un collar de perlas. Recibe en su salón al periodista «un tanto intelectual» y que con desparpajo pretende entrevistarla. Ella habla, se mueve, se escandaliza, se sorprende, se encrespa, ríe; es sarcástica, autoritaria, ingenua y confiada. ¡Una dama intelectual! Pero más que una dama intelectual, la Bella configura el ideal de escritora que una mujer venezolana desearía para sí; la Virginia Woolf del «Room of one’s own» instalada bajo el sol y el calor del trópico”.

Isaac Chocrón escribió un ensayo que llamó “Último grito” en el catálogo de la cuarta bienal de arte Dior hecha en Venezuela. “Los años cincuenta fueron los años cuando Christian Dior verídicamente dominó Caracas. Toda mujer que se preciara de su elegancia lucía sus hombreras, su cintura avispa y la voluminosa falda más abajo de la rodilla, inflada por unos cuantos armadores.

Evidentemente entonces había más espacio o menos gente, haciendo posible las circunvalaciones de esas faldas que parecían a punto de revivir el vals vienés. Nadie como mi hermana Mercedes y sus amigas para adoptar el estilo Dior como su nuevo uniforme. Me da mucho placer nombrar con sus apellidos de solteras a algunas damas que compartieron el lema favorito de mi hermana. “Si quieres ser bella y elegante, tienes que sufrir”. Elsa Tamayo, Mercedes Herrera, Leonor Zuloaga, Maritza Obadía, Cachi Pocaterra, Mary Taurel, La Nena Palacios, Gloria Zea desde Bogotá y la reina absoluta, Mimí Herrera”.

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    “Las cosas de la mesa y de la gastronomía son obra de Dios y de los hombres”. CD

    Para Dior, la mesa requería, a la hora de componer los menús, de la misma dedicación que la creación de sus diseños. Siempre estaba en busca de los platos más sutiles y refinados. Hay un libro de cocina que se llama Cosidas a mano, “Cousu a main” que recoge las recetas preferidas de Dior. Este libro tiene un prefacio del afamado chef francés Raymond Thuilier, chef de l’Oustau de Baumaniere. Dior recuerda la personalidad de Raymond Thuilier y asegura que Thuilier, con su infinita bondad, acercó la boca al espíritu. “Lo irreal y grande de su cocina, es su sencillez”. Este comentario lo hace a propósito de unos oeufs brouillés que le sirvió Thuilier en su restaurante en una oportunidad. Estos huevos se ponen en una cacerola y se baten todo el tiempo con una espumadera haciendo una crema de los mismos, luego se les agrega el ingrediente que se desee; en este caso unas trufas que dan un aroma y sabor incomparable. “Es la forma de prepararlos y servirlos, la que los convierte en una obra de arte”.
    Thuilier cuenta que cuando Dior se refería al vino, lo hacía como si hablara de una elegante y bella mujer. “Este vino tiene cuerpo, espíritu y glamour. Es un vino amoroso, fuerte sin ser duro y es muy mimoso”.

    Sobre su profesión y la cocina, afirmaba que los materiales de ambas artes eran muy nobles y que ninguna creatividad podía prescindir de las manos que la llevan a la realidad. “Sí, son artes que parten de la inteligencia, pero las manos son sus ejecutantes, ya que la realización de una obra no puede ser perfecta a menos que la imaginación creativa se asocie a las manos”.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Orgullosa de que Chistian Dior favorece no solamente en la etiqueta y la moda sino también en la belleza y elegancia por sus productos de perfumería y maquillaje conviritiendo cada dia más su tecnología no solo en belleza femenina sino también en belleza masculina.

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