Christian Dior (1), el genio que colmó las calles de flores

Revista GP 18

Por: María Ángeles Octavio

Dior, es un agudo genio único de nuestro
tiempo con un nombre mágico
que combina a Dios con la palabra oro.

Jean Cocteau

El entusiasmo por la vida es el secreto de toda belleza. No existe belleza sin entusiasmo.
CD

Amaba los lirios, se los regalaba a Madeleine, su madre. El lirio era su flor fetiche y emblema de su casa de alta costura. El perfume de los lirios le recordaba su jardín de la infancia donde pasaba las tardes junto a su madre aprendiendo el nombre de cada flor. Eran cómplices en su pasión por la botánica. La naturaleza y sus tesoros salpicaron la vida y todos los jardines secretos del costurero. De estación a estación los modelos y sus nombres, los motivos y ornamentos en seda pasaban por pétalos de rosa, impresiones de margaritas, lazos como hojas, el rojo de las amapolas, el azul de los nomeolvides o los azulejos, el gris del acantilado de Grandville, todos conformaban las obsesiones de Dior como buscador de la belleza. Dior era un señor del renacimiento tardío. Poseía el sentido y el culto por lo bello. Siempre buscaba la perfección.

“Yo diseñé mujeres flores, con hombros suaves, busto lleno, cinturas tan estrechas como juncos y faldas como corolas”. Christian Dior no es una etiqueta, fue un hombre. Un genio que colmó al mundo, devastado por la segunda guerra mundial, un mundo gris y lleno de escombros, de colorido y flores que caminaban por las calles. Rompió la silueta femenina de hombros cuadrados y faldas cortas que dejó la guerra. Visualizó a la mujer con faldas largas, vaporosas, con abundantes crinolinas, como las que se usaban en su infancia. Faldas inmensas que abrían como flores en primavera.

Una vida debe ser ligera y debe caer por su peso sobre el cuerpo de quien la lleva, Christian Dior costurero, modisto, artista, gourmand, amante de la naturaleza, supo hacer de su vida un mito. Sus modelos representan la elegancia clásica, dando valor a una imagen femenina.


Las mujeres no llevan lo que les gusta. Les gusta lo que llevan.
CD

La editora de Harper’s Bazaar, Carmel Snow, bautizó con el nombre de New Look el estilo de Dior. Christian añoraba devolverle la femineidad a las mujeres. Algunas se debatían, pues las faldas más largas y amplias con telas deslumbrantes con bordados y flores, eran más costosas. Otras, más radicales, atacaron a una de las pioneras que se atrevió a salir con el New Look a la calle y le rompieron el vestido en el cuerpo. No obstante, Dior ayudó a restablecer a París como la capital del mundo de la moda. Y, por primera vez en la historia, un diseñador de alta costura influía en las damas ricas y pobres. Las que no podían comprar sus vestidos, copiaban los diseños.

Llevo colgados dos corazones, una estrella y siempre guardo un trozo de madera en uno de mis bolsillos. CD

Dior buscó en la religión la fe que no tenía en sí mismo. Católico practicante y de comunión casi diaria, su adoración se repartía entre la iglesia y las pitonisas. No cogía un lápiz sin consultar las cartas, ni tocar madera. No salía de casa sin sus cuatro amuletos. Dior se inventó un brazalete amuleto de la buena suerte que tenía dos corazones, un ramito de lirios del valle, una moneda de oro grabada, un pedazo de madera, un trébol de cuatro hojas, y la estrella dorada que había reproducido en oro. Los signos para alimentar su fe fueron muchos.

Una de las mujeres que ayudó en el parto de Christian Dior era adivina y vaticinó que el recién nacido había venido al mundo con muy buena estrella. Aseguró que sería alguien muy grande. En el carnaval de Grandville, una adivina le dijo a Christian que las mujeres serían buenas para él y le traerían éxito.

Cuando llegó la depresión los negocios de su padre iban bien y no pensó que la bancarrota americana los afectaría. 
Pero el viento tiró un espejo que se hizo pedazos contra el piso.
 Christian se dijo que eso significaba siete años de mala suerte. Los hechos que sobrevinieron parecieron tener relación con el espejo roto.
 Bernard su hermano fue internado en un sanatorio. 
Su madre se se sometió a una cirugía, la operación se complicó y agarró una infección.
 Un mes más tarde, en mayo de 1931, madame Dior moría de una septicemia. Luego la ruina de su padre.

Christian corrió a consultar a su adivina, madame Delahaye, lleno de pánico porque nunca antes había organizado una empresa y había recibido la propuesta dehacerlo. Ella le dijo que aceptara que debía crear la casa de Christian Dior.

Otro hecho significativo ocurrió un trece de marzo cuando conoció a Jacques Benita. 
Dior se dijo que el número trece tenía un mágico poder. Benita era un artista, un cantante de música popular. Poseía una juventud radiante, con los rasgos de cierto tipo de belleza mediterránea. Desde ese momento, se hicieron inseparables. Dior lo incluía en todas sus actividades. Por timidez, Jacques no le permitía al diseñador que fuera a verlo cantar. No obstante, Dior le enviaba notas y mensajes al cabaret.
 En agosto de 1956, Jacques, forzado por la guerra en Argelia, tenía que regresar a casa. El día de la despedida, en una cena en casa de Dior, él le sostuvo la mano, olvidando por primera vez sus principios de secreto y discreción.
 Jacques se fue a Marruecos, pero logró que lo eximieran del servicio militar y tres semanas después regresó a París.

Dior estaba pasado de peso y decidió ir una temporada a las famosas aguas curativas de Montecatini para adelgazar. En las cartas, su adivina, madame Delahaye, vio un presagio de algo malo, pero Dior no le hizo caso.
 Estaba decidido a ignorar cualquier advertencia.
 La noche antes de su partida, Jacques y él decidieron pasarla juntos, aunque Jacques tenía que actuar. Fue la primera vez que el joven permitió que Dior estuviese en la audiencia mientras él cantaba.
 Eufórico, Dior le prometió que a su regreso de Italia lo iba a ayudar con su carrera. Tan pronto se marchó, Dior comenzó a bailar en el medio de los Champs-Élysées. Su corazón saltaba de alegría.
 A la mañana siguiente, él tomó el tren que lo llevaría a Italia.

Christian Dior murió en Montecatini de un infarto cardíaco, en octubre de 1957. Tenía 52 años de edad.
 Su repentina muerte causó una gran tristeza en el mundo entero. Tantas flores recibió, que el gobierno francés permitió que las pusiesen en el Arco del Triunfo.
 El había dicho que quería que sus restos mortales descansasen en Caillan, cerca de los de su padre y su fiel gobernanta mademoiselle Marthe. El párroco de la capilla de Montaurux, en la Provenza, dijo en la homilía que pronunció en el funeral de Dior, que éste había sido llamado por Dios para vestir a los ángeles.



    Debo transformame yo mismo, para no decepcionar a mi público. CD

    “Dior era como un celador o curador dulce de museo, hecho de mazapán y rosado”, dice Cecil Beaton. Él sentía que su impronta era aburrida en comparación con su éxito. “Soy un caballero bien alimentado dentro de un traje de color neutro”. Se ha dicho que estaba acomplejado por su figura y que se burlaba de sí mismo.En sus memorias escribió que pensaba que debería transformarse para no decepcionar a su público. No gustaba de las fotos y de destacar en público. Era una celebridad y lo perseguían. Se cuenta que un fotógrafo sobornó al portero de su edificio y se escondió debajo de una silla en la sala de la casa de Dior y cuando él se dio cuenta le hizo gracia y lo dejó tomarle algunas fotos. En otra oportunidad, en Inglaterra, se escondió en un baño de un restaurante para evitar las fotos. Cuando murió en un hotel en Italia, los fotógrafos asediaban a cualquiera que pudiera tener acceso a la habitación en la que estaba el cadáver de Christian Dior. Se subían por los desagües para tomar una foto del gran modisto en su lecho de muerte.


Para que un hombre fabrique emociones debe tener un acuerdo con la locura.CD

Año tras año, Christian esperaba con excitación la celebración del carnaval de Grandville. 
Las calles eran adornadas con floridos arcos. Había bailes en los salones de los hoteles. Los desfiles eran grandiosos al compás de valses y polcas. La gente bailaba y cantaba hasta el cansancio. Él no se perdía detalle en los desfiles y gozaba disfrazándose. 
 Christian dibujaba parte de las escenas que más lo habían impresionado. El entusiasmo de Christian por la fiesta lo llevaría tempranamente a diseñar disfraces, para él y sus hermanos. Convirtió en un cuarto de trabajo la habitación de la ropa blanca del tercer piso de la casa. Su madre lo ayudaba. Ella trabajaba en la máquina de coser, mientras Christian lo hacía en la tabla de dibujo. Elegía las telas, las tocaba para detectar su suavidad.
Un año, Christian diseñaría un asombroso traje del rey Neptuno, hecho a base de conchas marinas naturales y de raffia.

En la lista de invitados de la Casa Dior figuraban la duquesa de Windsor, famosas actrices de cine como Marlene Dietrich, Rita Hayworth, Elizabeth Taylor, Olivia de Havilland y Ava Gardner. Él diseñó el vestuario para las películas de algunas de estas luminarias. 
Según el biógrafo C. David Heymann, autor del libro Pobre niña rica, Barbara Hutton, la famosa heredera de las tiendas Woolworth y clienta de Dior, asistió el 3 de septiembre de 1951, a un baile de máscaras en Venecia, Italia, que llegó a ser conocido como “La fiesta del siglo”. Mil quinientas figuras de la alta sociedad internacional fueron invitadas y Barbara se presentó vestida de Mozart, con un modelo de Dior que le costó quince mil dólares. Las hebillas de los zapatos eran de oro macizo. Su disfraz no fue el más original, pero sí fue el más costoso. 
 Salvador Dalí acudió también a dicho baile con su esposa Gala, con disfraces de “gigantes”, confeccionados por Dior. 
Dior también estaba presente en la fiesta.

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    Huele a Dior

    Los vecinos de Les Rhumbs, la casa de sus padres en Granville, solían comentar cuando el viento soplaba en dirección a la casa, “huele a Dior”. Era un olor desagradable por los fertilizantes de la industria situada en las afueras de Dionville, base de la fortuna de los Dior. Su madre, amante de la naturaleza, buscó contrarrestar el olor y rodeó la casa de un jardín florido, perfumado y espeso. Christian fue él único de sus hijos que heredó su interés por las plantas y la seguía como una sombra. A veces jugaba solo imaginándose que estaba en una jungla virgen, otras lo correteaba con sus amigos, sobre todo con Serge Heftler-Louche, envueltos en las fragancias de las rosas y jazmines, y los aromas de las algas y de los claveles silvestres. Con los años Serge se convertiría en el cofundador de Parfums Christian Dior.

    El perfume de una mujer le dice más acerca de ella que su mano

    Serge Heftler-Louiche, había sido administrador de una afamada perfumería por veinticinco años y también era dueño de una distribuidora de perfumes. Él le propuso a Dior lanzar un perfume con su primera colección. Su larga experiencia en este terreno y la amistad de la infancia le hicieron aceptar en el acto. Muchos amigos se sumaron al proyecto. 
Todo lo relativo al perfume fue un trabajo de equipo, pero basado en el instinto de Christian.
 La fragancia fue creada por la perfumería Vauche con una combinación de aromas de alelíes y rosas. Con su amor por las cosas británicas Christian propuso nombrar su perfume Miss Dior. Su amigo, el ilustrador René Gruau, dibujó para el cartel de publicidad un cisne blanco con un collar de perlas y una cinta de terciopelo negra. Su otro amigo, el músico y compositor Henry Sauguet compuso un vals en honor a Miss Dior. Victor Grandpierre le propuso decorar la caja con un diseño de pata de gallo inspirado en la tela de un vestido de la colección.
 Una vez que el perfume estuvo listo, Christian pidió opiniones en su círculo de amistades y empleados.
Todos lo detestaron. Sin embago, él estaba convencido. En la víspera de su primera presentación, Dior preparó un arreglo floral de orquídeas blancas y negras, y se lo envió a Marcel Boussac, quien quedó deslumbrado. La Casa Dior abrió sus puertas a su primera colección el 12 de febrero de 1947.
 Su salón estaba lleno con las mujeres más elegantes de la alta sociedad, estrellas, y millonarias parisinas e internacionales como lady Diana Cooper, la primera ballerina Margot Fonteyn y madame Larivierére de Argentina, entre otras. El presentó su estilo Corola con términos botánicos.
 La figura Ocho, la describió moldeada al cuerpo y bien cortada, con el busto delineado, la cintura estrecha y las caderas acentuadas.
 Se habían contratado a siete modelos. Dior había dicho a las más delgadas que se pusieran rellenos en el busto para hacerlo lucir más prominente. Pero no contaba con que una de las modelos agotada de tantos ensayos se desmayara durante el desfile. Dior trató de sostenarla, pero ella resbaló dejándole en las manos el par de postizos de los senos que se le salieron.
 Minutos después, los asistentes al desfile fueron rociados con Miss Dior.

En este clima abigarrado, no sólo formé mi gusto, sino que anudé las amistades que compusieron y compondrán el fondo de mi vida. CD

La familia Dior se muda a París. Al principio, Christian halló el cambio de escenario poco agradable, se sintió desarraigado de lo que había sido su idílica infancia, rodeado de flores y mar, donde gozaba de plena libertad de movimiento. Pronto se enamoró de su nuevo hogar y comenzó a ir a la escuela en el Lycée Gerson. Hizo sus primeros amigos en París. Madame Dior decoró con su exquisito gusto su mansión parisina al estilo Luis XVI, pero adaptado a las interpretaciones de aquellos tiempos. Maurice Dior instaló su oficina en el fondo del apartamento. Esta disponía de una entrada propia para que las actividades con sus clientes no molestasen al resto de la familia. Él fue el primero que mandó a instalar un teléfono en la vecindad donde vivían. Los timbrazos que aquel aparato emitía y su funcionamiento excitaron a sus hijos, locos por jugar con él. La dulce vida de la Belle Epoque de Christian se vio afectada
repentinamente en el verano de 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Los Dior estaban pasando sus vacaciones en Granville, donde decidieron quedarse. Madeleine no tenía tiempo para atender su jardín, porque junto con otras mujeres trabajaba como voluntaria cuidando a los enfermos. Mientras tanto, los hijos de los Dior vivían a su aire. Después de cuatro años en Granville, terminó la guerra, los Dior regresaron a París y encontraron a la gente ansiosa por divertirse. Todo estaba muy cambiado. Las mujeres llevaban el pelo corto, los músicos eran negros, las compañías de ballet eran rusas, las obras de los pintores abstractas y todo el mundo se estaba psicoanalizando y consumiendo cocaína y heroína. Los Dior se mudaron esta vez a un amplio apartamento en la 9 rue Louis-David. Madame Dior, siempre llena de energía, elegante y distinguida, tomó las riendas de su nuevo hogar. La decoración de Madeleine fue convencional, pero refinada. Su esposo le compró algunas obras de arte de Lépicié y Boucher. El efecto total fue un triunfo. La vida social y familiar de ellos volvió a la normalidad. Daban recitales, sus hijos se presentaban bien vestidos, la servidumbre uniformada, servían cenas con finos platos y vinos.

Respirar el aire del momento en Paris. CD

La ocupación oficial de Christian era estudiar bachillerato, pero ya era cómplice de sus amigos aficionados a las artes y no se perdía ningún nuevo acontecimiento artístico. Se reunían en el bar de moda de la bohemia, Le Boeuf sur le Toi. Por allí desfilaban Picasso, Radiguet, Cocteau, Mihaud, Fargue, Auric, Poulenc, Honegger, Sauguet, Satie, Jean Hugge, Breton, Marie Laurencin, Léger, Lurçat, Derain, Max Jacob y Jean Cocteau. Christian deseaba estudiar en la Escuela de Bellas Artes, y cuando se lo hizo saber a sus padres le dijeron que su expectativa con él era un puesto de director o administrador en las empresas familiares. Su madre tampoco lo apoyó. Se inscribió en la Facultad de Ciencias Políticas. Como compensación, sus padres le permitieron estudiar música con Darius Milhaud y seguía pasando los veranos con su familia en Granville.

Este colorido período no solo me permitió refinar mi gusto, sino también cimentar las sólidas amistades que me han acompañado y que me acompañarán hasta el último día de la vida. CD

Christian repitió el tercer año en la Facultad de Ciencias Políticas, sus profesores reportaban que era un estudiante brillante, pero que no se aplicaba suficientemente. Al dejar los estudios, Christian tuvo que prestar el servicio militar obligatorio en la Armada Francesa. Cuando lo desmovilizaron, le dijo a su padre que quería abrir una galería de arte moderno. Monsieur Dior se quedó atónito, pero le dio el dinero con la condición de que el nombre de la familia no apareciese sobre la puerta. Christian inauguró su negocio en la 34 rue la Boetie de París, con el nombre de Galería Jacques Bonjean, su amigo y colaborador. Allí expusieron a los pioneros de ese período: Picasso, Matisse, Dufy, Berard, Dalí, Utrillo, Braque, Laurencin, Léger, Tcheelitcchev. Cuando la presión bancaria asoló los Estados Unidos, el fatídico jueves de octubre de 1929, muchos se suicidaron al perder sus fortunas. Christian unió fuerzas con Pierre Colle y continuó mostrando las obras de los surrealistas.

Mi madre, a quien adoraba, secretamente se dejaba morir y murió de pesar. Su muerte me marcó de por vida. CD

Su madre muere y Christian visita la Unión Soviética para recuperase. A su regreso se encuentra con la desagradable noticia de la situación financiera de Maurice Dior: estaba en la ruina y tuvo que vender Les Rhumbs, el amado caserón de Granville. La Galería también se vendió. En esa época, Jean Ozenne lo enseñó a dibujar para la moda y Max Kenna le mostró como usar el color. En 1934 se enfermó de tuberculosis. Sus amigos financiaron su cura. Primero estuvo en un sanatorio en los Pirineos y después en la isla balear de Ibiza. Por primera vez en su vida se vio completamente solo y encarando la dura realidad de una enfermedad. En su mente exploraba todas las posibilidades. Decidió que crearía algo propio. Comprobó que era muy diestro creando bocetos de moda y elegantes disfraces. Pensó hasta poner una tienda, pero no tenía los medios económicos. Después de más de un año de convalecencia, Christian regresó a París sano. Comenzó a hacer diseños de vestidos y sombreros, y a venderlos a
las casas de costura de París como Agnès, Patou, Schiaparelli, Nina Ricci, Maggy Rouf, Molyneux, Worth, Paquin, Balenciaga y otras importantes. Lo que había sido un pasatiempo se convirtió en su profesión. En 1938, Dior estaba ganando lo suficiente para mudarse a su propio apartamento en la 10 rue Royale en París, pero él no sabía nada de cómo confeccionar ropa. Otro amigo lo ayudó: el diseñador Georges Geoffroy, quien lo presentó al costurero Robert Piguet, quien lo contrató como modelista. Christian Dior estaba traspasando la puerta de la alta costura. Al estallar la Segunda Guerra Mundial fue llamado nuevamente por
la Armada Francesa y tuvo que abandonar la casa Piguet. En el año 1940, desmovilizaron a Christian y entonces decidió irse a vivir a la casa que su familia tenía en el sur de Francia, en Caillan, Provenza, donde vivían su padre y su hermana Catherine. Fue recibido con alegría. Como amante del cultivo, Christian superó la escasez de alimentos durante la guerra, creando un huerto para alimentar a los suyos y vendiendo lo que les sobraba. En diciembre
de 1941, Christian recibió una invitación para unirse como diseñador a la casa de modas de Lucien Lelong, en París. Con él trabajaría hasta 1946, aunque durante ese tiempo Dior también diseñó vestuarios de cine, entre otras cosas, para Roland Tual, Claude Autant-Lara y René Clair.

En el verano, Dior tuvo tres encuentros casuales con su amigo de la infancia, Georges Vigouroux, en las calles de París. Vigouroux era director de la Philippe et Gaston, una antigua y pequeña casa de alta costura que atravesaba por un período difícil y le ofreció un trabajo a Dior. En el segundo encuentro, Vigouroux
volvió a insistir y Dior rechazó nuevamente. En el tercer encuentro ocurrió un hecho que cambiaría el curso de su vida y la historia de la moda. De un carruaje que pasaba por la avenida tirado por caballos saltó una estrella dorada de cinco puntas que fue a parar a los pies de Christian. Él la recogió y supo que era un presagio. Accedió a visitar la casa de modas. No le gustó el estilo, pero conoció al dueño Marcel Boussac, el rey del algodón. Dior y Boussac hablaron sobre el mundo de la alta costura. El manufacturero textil observó que Christian estaba muy bien preparado y le reiteró la proposición que le hiciera Vigouroux. Dior argumentósu negativa y Boussac le dijo que si él lograba imponer su estilo, su inmensa industria textilera incrementaría su producción. Le ofreció diez millones de francos para financiar su propia casa de modas, la Mansión Christian Dior. En ese momento, él trabajaba para la colección de invierno de Lucien Lelong. Su contrato rescindía oficialmente el primero de diciembre. Le informó que planeaba independizarse. La nueva compañía Dior fue registrada el 8 de octubre de 1946. Dior quedó como director artístico responsable de las creaciones y Boussac nombró a Jacques Rouét, administrador de negocios, para que lo ayudase en las finanzas.

La casa se estableció en una modesta vivienda de cinco pisos y tres únicas anchas ventanas, en el número 30 de la avenida Montaigne. Muchos años antes de su decisiva entrevista con Boussac, él había estado mirando esa vivienda desde la acera de enfrente con su amigo Pierre Colle, quien fue el primero que le sugirió financiar una casa de moda bajo su nombre. La Casa tendría tres talleres, un pequeño estudio de diseño, el salón o cuarto de exhibición, un vestidor, una oficina, y seis pequeños probadores. Christian reclutó 60 empleados que comenzarían a trabajar para él, el 15 de diciembre. Sus tres asistentas, todas mujeres, tenían sus cargos bien definidos: madame Raymonde Zehnacker, antigua jefa de almacenes de Lelong, madame Marguerite Carré, ex jefa de costureras de Jean Patou, quien fue designada directora de los talleres y la bella madame Mitza Bricard, símbolo de la elegancia, quien trabajaba para Molyneux, y sería su musa inspiradora y jefa de salón. Dior incorporó como jefa de ventas a la ingeniosa y dinámica Suzanne Luling, su amiga de la infancia en Granville. También contrató como jefe de sastrería a Pierre Cardin, de veinte años, quien ya había ganado un concurso. La decoración de la casa estuvo en manos de Victor Grandpierre. Los interiores se pintaron en tonos grises oscuros y claros, con paneles en blanco. Grandpierre recreó brevemente el estilo neo-Luis XVI. Se usaron muebles laqueados, cortinas grises, puertas de vidrio, espejos y mesas con lámparas de bronce. Quería un lugar para mostrar sus vestidos y no la decoración. El diseño de la boutique para accesorios fue obra
de su amigo, el pintor Christian Bérard.

Para la apertura, tenían una guerra contra el tiempo. Los vestidos se cubrían con metros de tela de algodón blanco para ocultarlos de los ojos que no debían verlos y del polvo que estaba por doquier. En medio del caos, Dior sintió un gran alivio cuando dejó para siempre a Lelong, el primero de diciembre de 1946. Ya no tenía que trabajar en los dos lugares a la vez. El 9 de diciembre recibió una fatal noticia: su padre había muerto en Callian. El ansiaba que su padre hubiese vivido para conocer su triunfo. Tomó el tren para asistir a sus funerales en Callian. La apertura de la Casa Dior estaba programada para las nueve de la mañana del 16 de diciembre de 1946. A pesar del luto que llevaba en el alma, Dior estuvo al frente sonriendo con los labios, pero empañados de lágrimas los ojos por la pena y la alegría que sentía a la misma vez.

Cuando abrí mi casa de alta costura decidí vestir sólo a las mujeres más glamorosas de la alta sociedad. CD

La primera dama de Argentina, Eva Perón, visitó París por primera vez, invitada por el Partido Comunista. Ella recibió mensajes de las más importantes casas de moda que intentaban ofrecerle desfiles en su honor. Aceptó el de Dior y compró algunos trajes. Dejó un maniquí con sus medidas para que Dior pudiera hacerle
vestidos después de que ella se marchara de Francia.

Es una leyenda urbana (como se confirma abajo en el texto), de esas que repiten una y otra vez en la web, que Dior dijo de Eva Perón, que había vestido a muchas mujeres bellas pero nunca a una reina.

En el año 1950, Molyneux, el diseñador de la princesa Margarita de Inglaterra se retiró, ella se pasó a Dior. Éste ofreció un desfile privado para la reina Isabel y la princesa Margarita en la embajada francesa de Londres. La princesa Margarita
estrenó un maravilloso diseño de Dior cuando cumplió los 21 años y posó para el fotógrafo Cecil Beaton con el vestido. Ese mismo año, Dior era condecorado en París con la Legión de Honor por el Ministro de Comercio francés.

Pero no todas las ricas y famosas eran felices con las creaciones de Dior. Cristina Onassis, la hija del magnate naviero Aristóteles Onassis y su esposa Tina, tenía recuerdos angustiosos de su infancia. Ella era una niña que comía con sirvientes en lugar de sentarse a la mesa con sus padres y hermano, como cualquier familia. Cuando viajaba, iba custodiada por guardaespaldas. No tenía amigas y, aunque sus muñecas estaban vestidas a la última moda de París por Christian Dior, no le daban satisfacción. Recordándolas, ella confesaría: ”Eran bonitas, sí, pero las muñecas caras no pueden remplazar a los padres ausentes cuando una tiene cuatro años”. El día 6 de febrero de 1955, se casaba Margot Fonteyn en el Consulado de Panamá en París, con Roberto ‘Tito’ Arias, dueño del periódico La Hora en Panamá y delegado de Panamá ante las Naciones Unidas e hijo de un ex presidente de Panamá.

Cuenta Margot en su autobiografía, que en la mañana del domingo ella voló con su familia a París, hospedándose en el hotel Plaza-Athénée. Dior le había diseñado la ropa y accesorios que usaría. Suzanne e Ivonne, sus dos amigas de la Casa Dior, la esperaban con todo listo, pero cundió el pánico cuando comprobaron que por error le enviaron un tocado para la cabeza que pertenecía a otra clienta. —El problema se solucionó y yo pude lucir como esperaba —dijo Margot un tiempo después.

Cuenta Soraya Esfandiary en su autobiografía Mi vida, que cuando se casó con el Sha de Irán, Reza Pahlevi, Dior diseñó su vestido de boda en tul brocado de plata, con una larguísima cola. Una capa cubriría sus brazos durante la ceremonia. Meses antes de la boda, ella contrajo tifoidea y, cuando mejoró, tuvo una recaída que se le complicó con una neumonía. Apenas se recuperó, se celebró la boda. Ella pesaba 36 kilos y el vestido 16. —¡Ya mis piernas no me sostienen! —exclamó a punto de desmayarse. El Sha la socorrió llevándola a un aposento para que se recuperase y pidió a una dama de honor que cortase la mayor cantidad de tela posible de sus enaguas. Diez metros de tela fueron hábilmente eliminados. Una dama comentó que para usar un vestido del New Look de Dior había que tener una salud excelente.

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