El Tiffany Yellow Diamond

Entre la colección de piezas que despiertan la admiración que Tiffany ha fabricado, exhibido y vendido, se destaca una que nadie ha comprado aún. Es el Tiffany Yellow Diamond. Cuando este diamante fue descubierto alrededor del año 1877 en las minas Kimberly de Suráfrica pesaba 287,42 kilates. El Yellow fue luego cortado por el reconocido gemólogo George Kunz en 1878 y se obtuvo de él un diamante de 27 mm de ancho, 28.25 mm de largo y 22.2 mm de profundidad que tiene un total de 128,54 kilates y 90 facetas, 32 facetas más de las usuales, que le confieren a la gema cortada un brillo radiante, color amarillo canario, que es único.
El Yellow había sido adquirido en París, por 18 mil dólares, por Gideon Reed, Director de la Oficina de Tiffany en esa ciudad, y llevado a Estados Unidos en 1879. Aun cuando se le había dado mínima publicidad al asunto, no pasaría mucho tiempo antes de que norteamericanos y extranjeros se enteraran de que esta gema estaba en posesión de Tiffany´s. Millones de neoyorquinos y estadounidenses visitaron la tienda sólo para admirar el diamante. Se cuenta que incluso el virrey Li Hung-Chang, miembro del triunvirato que gobernaba China en 1896, (sobre quien el presidente Ulyses Grant dijo alguna vez: “Hay tres grandes hombres en el mundo, Gladstone, Bismarck y Chang”), declaró que una de las cosas que quería hacer cuando estuviera en Nueva York era ver este diamante. Efectivamente, cuando tiempo después llegó a esta ciudad los propietarios de la joyería se sintieron honrados de mostrárselo. El mismo presidente Grant, en 1879, cuando terminó la Guerra Civil, le había encargado a Tiffany´s tres imponentes juegos de plata para regalarle a los jueces del Tribunal de Ginebra, que tenía la tarea de resolver las reparticiones de la Guerra Civil; Grant buscaba una resolución en contra de la reina Victoria de Inglaterra, quien había conspirado con los estados confederados. Grant obtuvo sus juegos de plata, pero sin descuento alguno, según había sido política de la casa desde su fundación (los precios son fijos, no se venderá nada a descuento).
Ese afán que tuvieron millones de personas por ver el Yellow, parece sugerir que en muchos casos no se trata de poseer las joyas. Esto se siente de manera más clara y firme con esas joyas extraordinarias de precio inalcanzable. Seducen los ojos e incluso el alma. Para muchos es suficiente con verlas una vez en la vida. Para otros, como Holly Golightly, la contemplación se hace adictiva y recurrente. Persigue Holly, y muchos junto con ella, ese lujo glamoroso, brillante, rutilante, tiritante, cuya contemplación, como si se tratara de un alimento insustancial, produce hambre por esa capacidad que tiene de evocar las más oscuras y límpidas noches estrelladas, el brillo de millares de estrellas, o el de los ojos de la amada en cuya presencia se miraron estas estrellas. Quizás Holly Goligghtly bajaba a mirar las vitrinas de Tiffany, no porque el Yellow estuviera exhibido en ellas sino porque sabía que ese despliegue de brillos blancos y dorados en la vitrina la mareaban. Quizás jugaban para su mente el mismo papel que esos ejercicios de visualización de una luz blanca intensa corriendo por el interior del cuerpo juegan para algunos sadhus indios durante sus largas y serenísimas sesiones de meditación. Los ayudan a dejar la mente en blanco. A alejarla de los pensamientos oscuros de los mean reds, de los blues y de los tonos más oscuros, grises plomizos y negros. Quizás el recuerdo de ese brillo en las mejores y más emblemáticas joyas es más duradero que otros recuerdos.
En Tiffany’s son tan importantes los diamantes que se jactan de haber inventado el anillo de compromiso como se conoce hoy en día con su enorme diamante incrustado en oro cortado impecable. También los estándares respetados mundialmente sobre la calidad idónea de un diamante fueron impuestos por quienes diseñan las joyas de Tiffany’s. Actualmente se pueden encontrar en su catálogo las creaciones de los gemólogos más respetados, los sacerdotes indiscutibles y vitalicios de los frenéticos de la orfebrería. El varias veces laureado como “el mejor arquitecto vivo del mundo”, Frank Gehry, con sus joyas anguladas y sus apuestas de materiales vanguardistas; la más famosa heredera en el mundo del arte y creadora de las X de trazo rapaz sobre texturas pulcramente pulidas, Paloma Picasso; la perspectiva más sofisticada de la flora y fauna mundial encarnada en plata por Elsa Peretti y el muy reconocido por sus mixturas innovadoras de metales y diamantes, Jean Schlumberger, se disputan todos un espacio privilegiado en los cuerpos delicados de las clientas de Tifanny’s. LD/IR

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s