Órbita, ficción de un físico maño

Por: Daniella Mendoza

Nueve cuentos que insisten en un lenguaje coloquial y fresco. Nueve historias cortas que te hacen pasar las páginas como la mejor de las novelas de suspenso. Varios personajes dignos de recordar y muchas imágenes hermosas (carreteras verdes y bares llenos de humo y de gente melancólica). El libro de cuentos de Miguel Serrano, zaragozano de 32 años, invita a la reflexión y a la risa, recordando un poco a Alfredo Bryce Echenique –quien incluso hace de personaje en uno de los cuentos– por sus historias tristes pero insólitas, cubiertas por una fina capa de humor. La sorpresa y el suspenso tampoco se  ausentan de estas páginas, van de la mano de lo lúdico y lo extraño. Pero ninguna de las historias tiene el más mínimo tinte de ficción, las calles, los bares, las casas y panaderías de Zaragoza, presentes en todos los relatos, sitúan aún a quien nunca ha estado en esa ciudad, en un contexto sólido y real.  Estos cuentos atrapan porque de un modo u otro nos tocan a todos, en diferentes puntos o de distintas maneras. Porque la realidad de Órbita es la misma de cualquier ciudad del siglo XXI, y las situaciones de sus personajes coinciden en algún lugar con las de nosotros, los habitantes de este siglo tumultuoso y lleno de posibilidades. La existencia de Dios y la posibilidad de reencarnar, el destino y las casualidades, los amigos, las novias y los recuerdos de días pasados (y quizá mejores) pueblan los relatos de un estudiante de Ciencias Físicas convertido en escritor.

Desde que Miguel Serrano dejó su carrera científica ha dedicado su tiempo a hacer traducciones, escribir poemarios y publicar artículos en varios  periódicos, además de colaborar en la coordinación de la revista Eclipse, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Un año después de publicar su primera novela, Serrano sorprende con su primer libro de cuentos, y ojalá que siga siendo tan prolífico. Órbita es buena literatura que pone sobre el tapete esos temas en que todos pensamos, y si acaso discutimos alguna noche entre amigos, pero a los que, al final, todos dejamos de lado para ocuparnos del presente inmediato.

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