Un viaje por las highlands escocesas, II

Farewell to the Highlands, farewell to the North
The birth place of Valour, the country of Worth;
Wherever I wander, wherever I rove,
The hills of the Highlands for ever I love.

My Heart’s In The Highlands (fragmento)
Robert Burns,

Sin duda alguna, el relieve fascinante de esta región, que inspiró al Bardo de de Ayrshire, el poeta escocés Robert Burns (1759-1796) uno de sus poemas más conocidos, tiene que haber contribuido a configurar una idiosincrasia muy particular en los habitantes de las Highlands que, con el tiempo, se extendió a toda Escocia. Un paisaje de vistas sublimes como éste puede haber engendrado sentimientos de amor y temor de Dios en sus habitantes. Pero es también posible que las condiciones climáticas extremas unidas al carácter libertario e irredento de los Pictos (supuestos descendientes de los Escitas) y los Scots (nombre que se le dio a los inmigrantes llegados a Escocia desde Irlanda), primitivos pobladores de Escocia, hayan contribuido a forjar en los escoceses características como el valor, la rudeza, la competencia. Sin embargo, la organización social de los habitantes de las Highlands alrededor de clanes familiares, fortaleció los lazos de solidaridad, primero, dentro de los clanes, finalmente, luego de muchos siglos, cuando los clanes dejaron de tener la importancia que tuvieron en el pasado, la solidaridad se extendió a toda la nación escocesa. En la actualidad, la gran mayoría de los escoceses ha extendido esta solidaridad un paso más: el escocés se solidariza con todos los habitantes del Reino Unido. Pero uno siente que, en lo profundo de su corazón, es fuertemente nacionalista, y ama su tierra y los emblemas que lo distinguen: las Highlands, el whisky, la malta, el kilt, los tartanes, la gaita escocesa, el haggis, el buen humor, los juegos, la caza y la pesca, el mar y, una vez más, la inmensa diversidad de paisajes y escenas naturales que lo rodean.

A los turistas, las Highlands escocesas los seducen por cosas más trascendentales que por sus opíparos desayunos o incluso por el relieve caprichoso y sorprendente. Sobre ese inquieto relieve los escoceses han construido una no menos caprichosa y compleja red de caminos y carreteras que como una gigantesca tela de araña, recubre la topografía escocesa, atravesada por numerosos glens (valles de origen glaciar). Esta red permite a los viajeros escoceses y a los turistas que visitan estas tierras elegir, entre una impresionante e imaginativa multiplicidad de itinerarios, aquel que mejor se adecúe a las preferencias de tiempo, comodidad o puntos intermedios para llegar desde un lugar a otro.

Una parte no despreciable de la red de caminos que cruza estas tierras es obra de un ingeniero escocés nacido en Dumfriesshire, Thomas Telford, quien comenzó a trabajar en obras a los 14 años, lo hizo más tarde en Edimburgo y finalmente llegó a Londres, donde luego de despertar admiración por su participación en un gran proyecto, se graduó de ingeniero. Regresó a Escocia donde trabajó por 10 años hasta que luego de realizar un primer inventario de caminos existentes, comenzó un impresionante trabajo de construcción de casi 1.500 kms de carreteras, 120 puentes, numerosos puertos y diques y 32 iglesias, muchas de las cuales aún están en pie.

Desayuno escocés
El visitante de Escocia debería ordenar un Scottish breakfast, que suele ser servido como un plato con huevos revueltos, tocineta, tomates asados, pudín negro (variante de morcilla), o haggis (estómago de oveja relleno con vísceras) y una taza de té negro con leche. La versión inglesa de este plato suele ser servida con huevos y papas, champiñones, tomates asados, frijoles rojos, salchichas, tostadas, mermelada y mantequilla. En cualquier caso, ninguna de las dos es una opción adecuada para quienes evitan las grasas saturadas.

A viajeros como Guillermo Zobel y su esposa, original de Austria el primero pero residente en Venezuela desde hace muchos años, les sedujo, de entrada, la calidez, apertura y amabilidad de los escoceses. Dejemos que el mismo Guillermo hable de su viaje por estas tierras.

Luego de llegar a Escocia, con el pasar de los días notamos que la gente siempre estaba sonriente. A esa expresión tan particular de este país del Reino Unido llamamos la sonrisa escocesa, siempre ocurrente y espontánea, acompañada de un mágico sentido del humor y de agradables conversaciones. Uno siente que los escoceses son un pueblo que vive su historia, o más bien sus historias. Cuando uno viaja por estas tierras, en cada pueblito al que llega; en cada hostal, hotel, restaurante, castillo, monumento, uno se encuentra con una memoria sorprendentemente fresca del pasado. Una memoria viva de un pasado que parece convivir con el presente. Y cuando uno conduce un carro (con volante a la derecha por supuesto), por esa impresionante red de carreteras rurales que atraviesan este país, uno siente que todas ellas conservan ese encanto (que no tienen las grandes autopistas), de propiciar la contemplación. Son carreteras que al manejar nos dejan admirar a lado y lado millas de paisajes bucólicos, con ovejas pastando, con una campiña de colinas redondeadas que se pierde en el horizonte, cubierta por las flores lila-rosáceas de ese cardo (thistle) que los escoceses adoptaron como flor nacional (el Onopordum acanthium) por ser símbolo de nobleza de carácter y nacimiento. Ocasionalmente, al borde de la carretera, uno ve esas insólitas ruinas de antiguos castillos, en los que los locales cuentan los detalles de cómo en ellos se libraron heroicas batallas. O puede también ser que divisemos, con mucha frecuencia, las oscuras superficies de alguno de los cientos de lagos, recordando, cada vez que se ve uno de ellos, ese peculiar lago profundo, casi negro y misterioso (el Loch Ness) en el que la prolífica imaginación escocesa ha querido ver un monstruo antidiluviano, sabiendo que todo turista aspira ser el primero en divisar aunque sea la cola de Nessie, aun cuando por decenas de años no haya sido visto ninguno. Y advertir que para nosotros quizá lo más difícil es agarrarle el tumbao a las reglas tácitas de esas carreteras estrechas con tramos por donde sólo pasa un vehículo. En ellas, los conductores están atentos a los carros que vienen a lo lejos y se quedan estacionados, esperando en unos espacios más anchos dispuestos cada 200 metros para orillarse a que pasen los vehículos que vienen en sentido contrario. La usanza es que uno saluda cortésmente y corresponde la atención de los conductores con los que se cruza”.

Aunque es importante tener reservación previa para alojarse en los mejores hoteles y posadas localizados en las grandes ciudades, lo improvisado fue uno de los atractivos del viaje realizado por Zobel. En muchas ocasiones nos dejamos llevar por las recomendaciones de los escoceses quienes, orgullosos de su cultura, siempre estaban abiertos a sugerir destinos donde pasar ratos agradables. Guillermo retrata para su sorpresa algunos puntos de interés en su improvisado itinerario por las tierras altas que mostramos abajo para disfrute de nuestros lectores.

Beauly
Rodando por esos caminos inesperados llegamos al pueblo de Beauly. Su nombre, que proviene del francés (beau lieu, o bello lugar), data de cuando una congregación de monjes franceses se estableció cerca del priorato en 1230. El lugar es célebre por sus arreglos florales en primavera y por las tiendas de antigüedades, que constituyen la principal atracción en otras épocas del año. Durante mucho tiempo, Beauly fue un punto de paso para los que viajaban hacia el norte o el oeste desde Inverness. Hasta que en 1814, Telford construyó un puente que atravesaba el río Beauly.

Dalmunzie Castle
Al igual que el resto del Reino Unido, Escocia está llena de acogedores y encantadores bed & breakfast, algunos en zonas muy pintorescas. Los hay con un ranking de entre dos y cinco estrellas, dejando a las preferencias y presupuesto de cada viajero la decisión sobre dónde alojarse. Ocasionalmente, uno se encuentra con alojamientos espléndidos que no entran en las típicas categorías de alojamiento. Este es el caso de los castillos. Son tan frecuentes en Escocia que algunos se han convertido en hoteles que producen una experiencia inolvidable. En medio de un remoto glen formado por glaciares entre montañas, y localizado a unas dos horas al norte desde Glasgow, Perth o Edimburgo (o a dos horas al sur si se viene desde Inverness) se encuentra Dalmunzie Castle. No sólo ofrece habitaciones acogedoras, espaciosas y lujosas sino que tiene un restaurante al que sólo se puede entrar con chaqueta y corbata. Vale la pena llevar corbata sólo para guardar el recuerdo de una cena inolvidable, con vista a inmensas montañas que le dan un valor agregado al ambiente tanto del restaurante como a sus habitaciones.

Stuart Castle
Otro castillo que quedaba en el itinerario que hicimos es Stuart Castle, que ha sido clasificado como uno de los diez mejores castillos de Europa. Aunque cuenta sólo con ocho habitaciones, todas son mágicas. Desbordadas en lujo, y con una decoración escocesa clásica, están llenas de historias fascinantes. Sus anfitriones, una cálida y atenta familia que trata a sus huéspedes como de la casa, es uno de los pilares de su éxito. La hija Caroline es una chef de primera. Ya sea con un gong oriental o con gaitas escocesas que hacen vibrar el cuerpo de emoción, la cena en el castillo es un evento que ningún huésped debe perderse.

La comida
Contrario a lo que puede pensar o decir mucha gente, la comida es excelente en Escocia. Aparte del desayuno del que hemos hablado ya, los restaurantes de comida gourmet no faltan aunque también es imperdonable que un turista no coma el famoso salmón con papas fritas en los típicos pubs, donde la gente siempre está abierta al intercambio cultural. La comida típica incluye venado, faisán, cordero, pato silvestre, perdiz y desde luego, salmón. Y en todos partes encontramos chefs jóvenes dispuestos a arriesgarse con menús atrevidos.

Lo más resaltante de la comida escocesa es la magnífica calidad de sus productos: piezas de caza o el famoso angus beef. Salmón, truchas, ostras, langostas y langostinos. La dorada, algo punzante y ahumada miel de abejas de brezo. Los variados e increíbles quesos como el galloway cheddar, el suave crowdie, con un toque agrio, en forma de rola, o el no-pasteurizado bishop kennedy, rehogado en whisky durante su maduración. Entre los platos que han caracterizado este país, son famosos –aunque no siempre muy apetecibles al gusto de los extranjeros–: La indispensable avena para elaborar los grits, (avena preparada con sal, no con azúcar) y el famoso haggis en el cual pulmones, tráquea, hígado y corazón de cordero se hierven, pican y mezclan con avena tostada y grasa de vacuno para rellenar el estómago de cordero, servido con nabos en la tradicional Burns’ Supper que se celebra con la declamación del homenaje que el poeta nacional de Escocia hace a tan particular preparación (Address to a Haggis, de Robert Burns)

Crovie
Cada región de Escocia es diferente y tiene su encanto propio. La costa norte, bordeando el Mar del Norte es una zona árida cuyo clima parece ser inclemente con los habitantes y turistas. Allí las casas son de piedra y las calles muy solitarias. Sus habitantes, quienes fueron expulsados por los terratenientes de los campos, inmigraron a la costa y se dedicaron a la industria pesquera. Crovie es un pueblo localizado en Aberdeenshire a lo largo de la playa y sólo se puede llegar allí tras una caminata de casi un kilómetro. Es un pueblo tan angosto que tiene una única fila de casas y los carros deben dejarse al sur del pueblo. Pero llegar aquí vale la pena sólo por el escenario que se desnuda ante los ojos del turista.

Whisky Trail
El famoso Whisky Trail en las Highlands es la zona donde se encuentran las destilerías de whisky de malta, mientras que el whisky de grano (maíz y trigo) es producido en las Lowlands al sur de Escocia. El whisky de malta tiene sólo tres ingredientes: agua pura de manantial, cebada y levadura, acompañado de la experiencia escocesa en cuanto a los procesos y el añejo en barricas de roble francés, de bourbon americano, jerez español y oporto portugués, estos últimos para darle sabor y color. El arte del whisky de malta está en el maridaje final para producir el sabor y aromas deseados por el master blender de acuerdo con su paladar.

Elgin
Además del whisky, Escocia es famosa por los tartans, tejidos de lana cuyo diseño era particular para cada clan o familia. En el hospitalario pueblo de Elgin, no sólo están las impresionantes ruinas de la Catedral, sino también, la última fábrica o hilandería de lana de Escocia donde se producen los famosos productos de la tradicional tienda Johnstons. La tienda de la fábrica es algo fuera de serie, y el tour por la fábrica permite ver cómo se produce la lana de cashmere utilizando el thistle para darle el peinado y la suavidad final a esta tela. Es casi un ritual ir a Elgin a comprar telas, lanas y piezas de cashmere.

Inverness, Loch Ness
De los destinos turísticos más famosos de Escocia vale la pena visitar Inverness y Loch Ness, un lago bellísimo que atrae a turistas de todo el mundo. Es el segundo más grande y más profundo de todos los lochs escoceses. La palabra loch denomina grandes masas de agua en gaélico, incluyendo a las que penetran del mar (los fiordos). Los lochs de Escocia se denominan loughs en Irlanda. Su sonido en español es parecido a loj. Los nativos identifican a los ingleses por la pronunciación: lok y no el antes referido loj

Glen Coe
Camino hacia el sur pasamos por el famoso Glen Coe cuyos paisajes, que admiramos con el carro estacionado al borde del camino, nos dejaron sin palabras. Es uno de esos lugares que los escoceses disfrutan los fines de semana para absorber su belleza.

Ballachulish House
Al seguir nuestro camino hacia el sureste la vegetación se va haciendo cada vez más verde. En nuestro camino paramos a descansar en un B&B llamado Ballachulish House, fue construido en 1640 y no sólo tiene campo de golf sino unos jardines y salones que regresan al huésped al pasado, las habitaciones lujosas también resultan extremadamente cómodas. Tanto el desayuno como la cena estuvieron excelentes pero lo más agradable es un aperitivo con canapés que ofrecen para todos los huéspedes y que invita a conocer a otros turistas.

Edimburgo, Wedgewood The Restaurant
Regresamos con nostalgia a Edimburgo, recordando esos momentos mágicos que habíamos pasado en nuestras vacaciones. Después de entregar el carro alquilado tomamos un autobús de dos pisos y dimos un paseo por la ciudad. Miramos desde lo alto el encanto único que ofrece la capital. Terminamos nuestro viaje en Wedgewood The Restaurant, con una cena que cerró con honores este viaje inolvidable.

Para visitar Escocia se pueden elegir distintas vías de transporte, ya sea en carro, moto, bicicleta o a pie. Un poco más difícil es elegir a dónde ir, pues se debe elegir entre grandes urbes como Edimburgo, Glasgow, Aberdeen o Inverness o visitar lugares más alejados como Lowlands, Highlands, Castle Trail, Whiskey Trail o las Islas.

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